La respuesta es inmediata para el barítono y violinista Álex Rodríguez, que como miembro de la Orquesta Sinfónica de Guayaquil participó del 17 de enero al 2 de febrero en una gira de esa agrupación por España e Italia.
Rodríguez se sintió subyugado ante este monumento barroco proyectado y construido por Nicola Salvi, finalizado por Giuseppe Panini e inaugurado en 1762 por el papa Clemente XIII.
Esta impresionante obra de mármol hoy es símbolo del romanticismo italiano, por lo que los enamorados suelen arrojarle monedas para pedir deseos. Fue allí donde el cineasta Federico Fellini filmó una emblemática escena de su película La dolce vita (1960), en que la sueca Anita Ekberg se bañaba en sus aguas ante la mirada de Marcelo Mastroianni.
El Coliseo Romano fue otro de los sitios visitados por los músicos de la Orquesta Sinfónica, en donde Rodríguez contempló esta imponente estructura cuya construcción concluyó en el año 80 y que fue utilizada durante 500 años en espectáculos públicos como luchas de gladiadores, caza de animales, ejecuciones y recreaciones de batallas famosas.
“Me gustó mucho Roma por su arquitectura que, en algunos casos, data de varios miles de años y aún se mantiene imponente e intacta, reflejando toda su grandeza a lo largo de su existencia”, indica Rodríguez, quien al mencionar sus intereses como artista destaca a la ciudad italiana de Cremona, a treinta minutos en tren desde Milán, como sitio donde pueden encontrarse “los violines de mejor calidad; cuestan miles de euros; una de mis metas es tener un violín de Raffaello di Biagio, que a pesar de que sus instrumentos son jóvenes, no le piden favor a un Stradivarius, Amati o Guarnerius”.