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Edición del DOMINGO 29 de Marzo del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Justicia escolar
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El argentino Isabelino Siedes da una charla a las maestras del colegio Cruz del Sur acerca de cómo aplicar la justicia escolar con sus alumnos para que aprendan a ser ciudadanos políticos.
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Fotos: Víctor Serrano | Texto: Sheyla Mosquera de Calderón

Los maestros deben orientar a sus alumnos desde temprana edad para que aprendan a discutir de manera inteligente sobre qué es lo justo o no. El argentino Isabelino Siedes estuvo en Guayaquil en el colegio Cruz del Sur para instruir a los educadores al respecto. 



Imagine a su niño convertido en alguien capaz de discutir de manera inteligente con sus compañeros de clase cuando quiere jugar algo específico como: ¡Al fútbol no, mejor al básquet! o diciéndoles ¡qué les parece si mejor esto o aquello!

Bueno. La escuela es el primer espacio público donde los estudiantes, niños o adolescentes pueden interactuar con otros pares cuando salen de sus hogares. Y en este sitio no solo van a encontrarse con su segunda mamá o papá, que son la maestra o maestro, sino que es el lugar donde empezarán a construir sus primeras ideas o representaciones como, por ejemplo, qué es lo mío, qué es lo tuyo, lo ajeno, lo compartido, qué podemos hacer juntos o en qué sentido somos iguales o diferentes, entre otros.

Por esa razón, los maestros deben aprender a orientar a sus alumnos, para que ellos empiecen a discutir sobre qué le corresponde a cada uno, cuáles son sus propios derechos,  obligaciones y responsabilidades. Es decir, que el aula funcione como un espacio público de construcción de lo público, según el argentino Isabelino Siedes, quien vino recientemente  al país a dictar una conferencia sobre Justicia escolar a los profesores del colegio Cruz del Sur.

Él piensa que es en la escuela donde se empiezan a discutir  desde las escenas más pequeñas o cotidianas acerca de qué es lo justo, y es una pregunta que está detrás de todas las discusiones políticas que llevan adelante los adultos, pero están presentes en la salita de dos o de tres.

Siedes recalca que es en la escuela donde hay que empezar a formar a los alumnos para la participación política. De esta manera ellos podrán pensar en cuál es la norma que conviene a todos dependiendo de los intereses de cada uno o del conjunto. Luego  qué ocurre si alguien la transgrede, cuál es la sanción que le corresponde y por qué y de qué manera esta permite reintegrarse a la sociedad del aula y llevar adelante el proyecto compartido.

Personaje central
“La maestra o maestro es un personaje central en la construcción de la justicia escolar. Al principio, porque garantiza las condiciones del diálogo, permite que se discuta qué es lo justo y lleva adelante el sostenimiento de la norma”, refiere Siades.

También agrega que muchas veces las normas se dicen por un día, pero no se sostienen a los pocos días. Sin embargo, lo importante es que la maestra esté atenta para poder sostenerlas, a aplicar sanciones cuando son necesarias con un carácter formativo y al mismo tiempo mantener abierta la posibilidad de modificar la norma para mejorarla.


Recalca que algunas normas se producen dentro de las escuelas y otras están diseñadas y elaboradas  antes de que cada alumno o alumna llegue a estas. A veces  los educadores les proponen a los chicos que las formulen, pero también se ha visto al recorrer las diferentes aulas que hay normas muy parecidas con lo cual se puede sospechar que hubo bastante manipulación o manejo por parte de los docentes.

También existen normas que están en las escuelas y deben comunicarse pero con argumentos. Por ejemplo, un compañero no le puede pegar al otro, y viceversa. Incluso hay normas que funcionan como reglas internas en el salón de clases que deben discutir los chicos. Como, por ejemplo, ¿se puede llevar juguetes o no? Pues eso no está generalmente puesto en un reglamento  ni está en la Constitución del Ecuador.

Entonces, expresa Siedes, la maestra tiene  la oportunidad de delegar la potestad legislativa a los chicos. Les podría enseñar, a discutir si conviene o no la norma de traer juguetes, si juegan con estos cada uno o los comparten o si los llevan  una vez por semana y si cada uno se hace cargo de sus cuidados.

“Si los chicos participan de ese debate, de cuál es la norma más justa, empiezan a aprender a discutir sobre los diferentes aspectos que debe tener esta para que sea más justa y probar si funciona o no”, asegura.

Participación de todos
Lo fundamental es que la maestra delegue la potestad legislativa al grupo de estudiantes. En una nación está delegada al conjunto de la población. En principio de cantidades y no participan todos en la formación de las normas, sino mediante representantes. Pero en localidades pequeñas hay experiencias de asambleas regionales o  locales donde se puede discutir la norma. Incluso funciona en el consorcio de un edificio donde hay cuestiones normativas que se ejecutan entre todos. Como a qué hora se saca la basura o cómo se van  a resolver los temas en conjunto.

Siedes recalca sobre la importancia de que todos los chicos participen. Puede ocurrir que para algunas tareas elijan representantes y que cuando empiecen a discutir una norma lo probable es que las primeras formulaciones salgan mal. Pero no hay de qué preocuparse porque eso  también pasa como ciudadanos. “Muchas veces se piensa que van a funcionar políticamente las cosas, pero no siempre salen bien, pues en ningún país la democracia se hace de un día para el otro”.

Generalmente, los alumnos establecen normas que poco tiempo después dicen que ya no sirven más, que están mal pensadas y que deben cambiarlas. Aquí también es importante que la maestra o maestro les ayuden a pensar. Por ejemplo, cada cuánto se debe cambiar la norma y cuándo volver a discutir si sirvió o no, para analizar si tiene sentido conservarla o mejorarla.

A partir de ese ejercicio, agrega Siedes, los alumnos empiezan a dialogar en el mismo nivel de las discusiones políticas de los adultos, pero a muy temprana edad. Y si se logra que los estudiantes se pongan en el lugar de quién produce la norma es mucho más probable que encuentren el sentido de respetarla, porque entiende lo difícil que ha sido construirla y que es del interés de todos.

Enseñar justicia escolar
La justicia escolar se enseña desde el principio cuando en un salón de dos o más alumnos tienen la posibilidad de hablar y discutir. Quizás no todavía sobre los juguetes, pero sí acerca de cosas más pequeñas cuyos diálogos no van a ser una asamblea legislativa, sino hechos puntuales.

El aprendizaje como ciudadano es fundamental; y la norma no es para poder satisfacer solo lo que conviene sino lo que en política se llama el interés general. Algo que no es solo la sumatoria, sino que incluye atender las particularidades de aquellos que requieren alguna diferencia específica para resolver sus necesidades.

Cuando un chico de 10, 12 o 15 años hace una pregunta a su papá, quien le pone una norma y le pide una explicación es porque se le está enseñando a interrogar y a pedir argumentos que den razones de la norma. En este sentido lo favorece,  aunque un padre puede sentirse molesto porque el hijo le pregunta.

Siedes agrega que la escuela es un espacio sustancialmente diferente a la familia y que la justicia escolar es algo que solo puede producirse en la institución escolar. Precisamente porque es el lugar donde se encuentran aquellos que vienen de normativas, costumbres y tradiciones familiares muy distintas. Por ello algunos chicos dicen: ¡Esto lo puedo hacer en mi casa y otros, en esta no. Esta situación de alguna manera conmociona la educación familiar de cada chico porque lo hace confrontar ese legado que tiene en el espacio íntimo, con los legados de otros; y tiene que ponerse a pensar bueno cómo negociamos y construimos un espacio publico que incluya a cada uno con una particularidad.

Además, indica, los chicos son sujetos de derecho y sujetos políticos que pueden participar en la deliberación de lo que es mejor para sí mismo y el conjunto. Y el aporte más significativo de la escuela para la democratización de las sociedades es generar espacios de deliberación donde se aprende a hacerlo.

Por último, hay que pensar que los chicos de hoy son muy distintos y requieren una escuela acorde a estos tiempos. Una donde se puedan leer las claves del presente y tener  convicciones claras acerca del futuro que queremos arribar. Por eso se cree que el camino de la justicia escolar es empezar a invitar a los chicos a pensar en qué tipo de sociedades quieren vivir. No es pensar en cuál es el camino de la sociedad que tenemos, sino la que queremos y aspiramos.


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