En el 2000 llegó a Las Vegas, donde trabajó en casinos como doble de Tina Turner y The Supremes y donde fue invitada por la dama del jazz, Rachelle Ferrell, al Club Blue Note.
Ella es la mallorquina Concha Buika, quien ha cultivado el arrebato durante toda su carrera. Nació en Palma de Mallorca en 1972 donde vive su familia originaria de Guinea Ecuatorial. De su madre aprendió a escuchar a las grandes voces del jazz, pero desde la ventana de su casa y por la radio se cuelan las coplas de toda la vida y en la calle se pega el ‘quejío’ flamenco que quedará definitivamente impregnado a su piel.
Aplaudida en grandes escenarios de Francia, Portugal, Inglaterra, Suiza, Mozambique, Turquía, Argentina, Noruega, EE.UU., México, Grecia y, por supuesto España, ha quedado en la retina y en los oídos de los seguidores del jazz flamenco.
Buika está en este mundo para hacer lo que le gusta, sin hacer daño a nadie. Eso sí, con mucho arte. Porque ella, la niña coplera, es una doña Concha moderna. Su brazo está tatuado con palabras y nombres que le dan suerte, con una caligrafía primorosa de bordado de petit poit. Su físico es menudo y potente como un neutrón, y lo mismo se atreve a pedir ketchup para las papas del cordero en un restaurante de categoría como a cantar copla antigua con su cara guineana o a pasarse las horas charlando para hacer una entrevista.
¿Cuál es la fuente principal de inspiración en tus composiciones? Ella contesta que sus propias experiencias y el mirar sin miedo. Es así que en su tercer álbum Niña de Fuego ‘se desnuda’ y la portada es lo de menos. Buika se despoja de telas y vestidos con los que se adornan la mayoría de los discos y nos deja a solas con los sentimientos.
No vacila en decir que su música tiene influencia de la cultura y ritmos propios del país de sus padres y de los padres de estos, Guinea. “Es más que evidente que sí. No pienso olvidar jamás de donde vengo y no voy a olvidar a mi bisabuela y a mi familia”.
Dicen por ahí que Buika canta coplas, pero no es verdad, ella se mete en las coplas, las vive, estruja las palabras, se bebe las emociones y las grita entre susurros. Canta La falsa moneda, la que de mano en mano va... y ninguno se la queda. Y canta La niña de fuego, nombre de su tercer álbum. En este disco Concha le pone letra a sus historias de amor y, sobre todo, de desamor.
Fuentes: www.buika.net/ www.hoymujer.com/ www.youtube.com