Uno no puede dejar de sentirse ligado. El MAAC Cine nos ha acompañado ya más de un lustro y para aquellos que hacíamos varias peregrinaciones mensuales a una sala donde veíamos por primera vez una programación de cine alternativa y diariamente constante, el asunto adquiere cada vez más un sitial simbólico en un escenario cultural guayaquileño que demasiadas veces ha sido devastado por perpetuos y burocráticos centralismos junto a los descalabros políticos de cada momento.
Si bien los primeros cuatro años con Ochoymedio al frente otorgaron a la sala una imagen de solidez y profesionalismo crucial para su desarrollo, este grupo quiteño fue borrado del mapa guayaquileño con las nuevas políticas establecidas por el Banco Central que reglamentaba una licitación realizada de apurete a fines del 2007, como para que salten los grillos y los sapos, donde una veeduría organizada al último momento muy poco pudo hacer al respecto.
Fue una decisión improvisada y el resultado –desde entonces a cargo de la Espol– fueron varios descalabros administrativos en los meses iniciales, que ahora último parecen apaciguarse con las estrategias de Marcelo Báez en una programación que enfatiza las reposiciones y la proyección en video digital, pero donde la ausencia de estrenos importantes es notoria. Ahora el Ministerio de Cultura y su Consejo Nacional de Cine, y el Banco Central dirimen la nueva licitación donde conoceremos al ganador.
Podría ser una fogosa e interesantísima batalla cinéfila que nos recuerda a la reconquista de la Cinemateca francesa en 1968, cuando el Gran Jefe Henri Langlois –mentor, programador, ejecutor, restaurador– fue reinstaurado por el régimen del presidente De Gaulle ante manifestaciones callejeras que originaron posiblemente los descalabros de mayo '68 en París. Allí el tema central era la personalidad arrolladora de Langlois y una política programática hecha "a imagen y semejanza" de los gustos del más apasionado de los cinéfilos que registra la historia.
La Cinemateca es una entidad cultural financiada por el Estado francés y fundaciones privadas, que se caracteriza por una independencia total de las políticas del gobierno. Ese fue el primer motivo de la discordia que incidió en el cierre de la Cinemateca y lo que puso en pie de guerra a los cineastas de entonces, al punto que bajaron el telón del Festival de Cine de Cannes en solidaridad con Langlois.
En nuestra salita guayaca las cosas no han llegado a esas dimensiones, pero aquí va mi alerta naranja a aquellos que tomen las decisiones. Lo que importa es la pluralidad de una oferta cinematográfica nunca nublada por corrientes políticas ni oficialismos. Que venga el cine que no vemos en las salas de los malls y todos los géneros, de todos los países. Que haya coherencia en ciclos organizados con objetivos certeros y concretos, junto al apoyo al cine ecuatoriano y sus realizadores. También la difusión especializada del cine independiente junto a los clásicos del ayer.
Es una cultura cinematográfica que debe asumirse y promocionarse profesionalmente, donde la gratuidad jamás debe ser una prioridad, peor aberrantes y provincianos "nacionalismos" guayacos. Junto a la entidad seleccionada, los ejecutivos del MAAC deben comprometerse a un objetivo mutuo y no convertir en cementerios culturales espacios donde hacen falta gestiones estrechamente ligadas a una actualidad sometida a enormes cambios sociales.