Domingo 22 marzo País

Temor también invade a los que aún se encuentran tras las rejas

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En las cárceles del país las personas que están detenidas por narcotráfico son extorsionadas y les exigen cantidades que superan los cinco mil dólares para estar en celdas más cómodas.

Prefiero vivir 30 años en la cárcel a tener vida solo una semana más o que mi familia corra peligro, dice Ulises, extranjero que fue detenido en uno de los últimos operativos realizado en la frontera sur, en el que se incautó un cargamento de clorhidrato de cocaína.

Comenta eso al recordar las investigaciones a las que fue sometido cuando lo detuvieron. En más de una ocasión, dice, escuchó las promesas de policías pidiéndole que señale a los “capos” o dueños de la carga hallada, si quería recibir menos años de sentencia. Pero se negó, porque dice “los que están afuera saben que yo conozco el negocio y pueden mandarme a matar o le hacen daño a mi familia”.

La frase “la mafia no perdona” es cierta, reconoce otro narcotraficante. Lo que sí no es cierto, dice él, es que quien comienza en el ilícito sale de él solo muerto. Comenta eso y cuenta que los crímenes tipo sicariato que se dan en las fronteras norte y sur, y en ciudades como Manta, eje en la exportación del alcaloide, suceden por  la guerra entre carteles, y por los malos negocios o “sapadas” (denuncias), las que sostiene “salen de gente vinculadas a bandas rivales o quienes se venden a la Policía, que los tienen como informantes, pese a que cuando detienen a alguien o incautan droga informan que lo consiguieron a base de estrategias de inteligencia policial”.

¿Por qué ha aumentado la violencia en el país?, uno de los fiscales del Guayas, que prefiere el anonimato, dice que es “porque también ha crecido el tráfico de estupefacientes y los métodos han mejorado. Cada día tienen nuevas estrategias para traficar. Hasta en un grano de café, adornos, ropa o en una hoja de papel ponen el alcaloide”.

Pero otro preso esgrime una razón más para estas muertes: “Los narcotraficantes pueden perdonar cualquier cosa, menos que pierdas el capital de inversión o la droga que te encargaron. Si sucede algo así habrás firmado tu sentencia de muerte, pero te puedes salvar de morir solo si entregas muerto a quien te robó o al que te delató”.

Por eso, Carmen, una detenida en la frontera sur, cree que estando en la cárcel o saliendo de ella su vida está en riesgo, porque “me han de mandar a callar, me contrataron para pasar varios kilos de droga al Ecuador, pero no sé quiénes eran”, dice la interna de 25 años, que lleva cinco meses detenida, a la espera de una sentencia que podría llegar hasta el cuarto de siglo, por el tráfico de estupefacientes.

A diferencia de otros detenidos por narcotráfico, Carmen está en una celda común y no en un lugar exclusivo, como sucede en las cárceles del país donde la mayoría de personas que están vinculadas al tráfico de estupefacientes ocupan celdas exclusivas. “No son privilegios, solo que uno tiene dinero para pagar”, comenta un interno del pabellón de Atenuado Alto de la Penitenciaría del Litoral, donde los detenidos investigados por narcotráfico están en celdas en las que tienen aire acondicionado y a veces televisión por cable.

Para acceder a esas celdas, en las que también reciben protección de otros internos, deben pagar cantidades que a veces superan los cinco mil dólares.

“Piden mucho porque llegamos acá bajo la sombra de narcotraficantes”, dice un interno que pagó pero igual siente temor.

Antecedentes

A nivel nacional
En lo que va del 2009 se han detenido 498 personas que han estado involucradas en casos de narcotráfico en el país; 279 por tenencia de estupefacientes.


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