Michael, de 30 años, se convirtió recientemente en papáprimerizo y se acogió a la ley de paternidad. Pero no le ha dado la debida importancia, porque aún no vive con su mujer y bebé, y ellos están siendo atendidos por su suegra. “Más bien aproveché esos días libres para resolver trámites que tenía pendientes. Sin embargo, estoy consciente de que si hubiera vivido con mi señora e hijo, en nuestra propia casa que estamos arreglando, hubiera estado muy predispuesto a atenderlos y a cumplir mi rol de cónyuge y padre como se merecen”, dice.
En cambio, para Gonzalo Herrera, de 42 años, el estar con licencia de paternidad ha sido lo mejor que le ha podido pasar, porque es una experiencia nueva que le hubiera gustado vivir con sus dos hijos mayores, a los que les dedicó solo uno o dos días. Pero ahora el tener quince días libres que permite la ley, le da la oportunidad para atender a su esposa y nuevo bebé. “Ella dio a luz por cesárea y está recuperándose con más tranquilidad, para ello me dedico a realizar las tareas del hogar, más lo que implica el cuidado de la familia”, asegura.
Según el psicoanalista Juan de Althaus Guarderas, la legislación propuesta es un avance desde el punto de vista social y económico para la familia. En las sociedades no capitalistas y no socialistas las reglas eran muy variadas y no necesariamente legisladas. En términos generales se puede decir que, con la licencia paterna, se crean mejores condiciones legales, económicas y sociales para que los padres puedan cuidar mejor a los recién nacidos. Sin embargo, eso no garantiza un buen cuidado porque, en última instancia, eso depende de qué relación tiene cada madre y padre con su hijo.
El psicólogo clínico Jorge Luis Escobar Tobar refiere que el hombre que se acoge a la licencia paterna debe hacerlo con el objetivo de fortalecer los vínculos afectivos entre sus hijos y esposa, incluso concienciando de que con ello va a contribuir en el rol de maternaje sin que se le quite la masculinidad.
Incluso ayuda a fortalecer la relación de pareja, el trabajo de equipo y la construcción de vínculos familiares desde la colaboración integral y no solo desde el discurso.
El contacto entre el nuevo ser y el padre hará que se desarrolle un nexo más solidario entre ambos. El bebé no solo se sentirá seguro, sino que el progenitor se hará un hombre más comprometido no solo para ser un buen proveedor económico sino también dar afecto, que es muy importante para la estructuración de la personalidad de la humanidad.
La atención que él le brinde al bebé al cambiarle los pañales, bañarlo, hablarle o hacerle gestos hará que el amor, entre padre e hijo, se desarrolle y cultive. Y en cuanto a la madre, considerando que muchas de ellas después de dar a luz tienden a sufrir desbalances hormonales y que puede provocar alguna situación asociada con cambios emocionales, el apoyo de su esposo es fundamental para este periodo de transición.
Mientras todo ser humano reciba en los primeros días de nacido la mayor cantidad de muestras de afecto, agrega Escobar, se volverá alguien sano y afectuoso, con mejores probabilidades de desarrollar estructuras basadas en amor y respeto. Será capaz de explotar sus potencialidades integralmente con menos números de temores y con mayor nivel de seguridad. Incluso tendrá mejor predisposición a consolidar su autoestima y querer autorrealizarse desde sí mismo hacia el mundo sin resentimiento o al menos con menor cantidad a nivel de su conciencia.
“El estar al lado de nuestros hijos debe ser porque nosotros lo queremos desde el sentir y no porque una ley me lo dice o me obliga. Es fundamental que se entienda que el abrazarlos y amarlos es un tema de voluntad personal y no de exigencia social. Se aprende a amar aún desde la diferencia y no es la excepción entre padres e hijos”, asegura Escobar.
Falta de interés
Si bien existen algunos hombres que se acogen a la ley de licencia paterna por responsabilidad, también hay otros que no lo hacen. Según De Althaus en estos últimos influye su forma de ser, su irresponsabilidad o porque tradicionalmente sus padres han sido solo proveedores económicos. Las tres razones son válidas, como puede haber otras. Sin embargo, lo fundamental es que en las últimas décadas en Occidente la función paterna se ha ido deteriorando. Esta opera como ordenador de la subjetividad humana y canaliza las satisfacciones pulsionales. Establece una ley psíquica por la cual uno hace unas cosas y no otras.
El antiguo “pater familias”, su poder omnímodo, su presencia, su operación ya casi no existe o en todo caso hace el ridículo como en la serie animada de Los Simpsons, o se vuelve violento, o rompe las reglas históricas de la prohibición del incesto, porque realmente el padre actual no sabe muy bien qué hacer. Por ejemplo, hoy en día los hijos son respondones, pero él no lo fue cuando niño. Los políticos de alguna manera se dan cuenta de esta situación y tratan de subsanarlo mediante leyes específicas donde favorecen la intervención del padre en el cuidado del niño recién nacido. (S.M.d.C.)