La denominada princesa del pop entró en un oscuro y tenebroso hoyo, donde lidió con la incertidumbre, la depresión y la demencia. Una serie de malas decisiones y errores de confianza, llevaron a una de las últimas sobrevivientes de la explosión juvenil del pop de la década del noventa, al deterioro de su imagen pública, una clínica de rehabilitación, y la separación de su esposo e hijos.
A lo largo de este descenso hacia la locura, los medios de comunicación en general fueron implacables. Cada programa de televisión, revista y sitio en internet dedicados a la farándula, no le dieron tregua a la hija más ilustre de Kentwood, Louisiana. Desde fabricaciones asombrosas sobre sus problemas, rumores y verdades difíciles de creer, las publicaciones se encargaron de seguir manchando el nombre de una artista que ha vendido más de 85 millones de discos en todo el mundo.
De un momento a otro, como si se tratara de un guión sacado de una historia de ciencia ficción, existió un lavado de cerebros masivo, en el que la mayor parte de la población mundial, olvidó completamente las desventuras de Britney Spears.
Cómo una ave fénix cuerda y recargada, la ex integrante del Mickey Mouse Club planeó estratégicamente su regreso a la palestra. Manejada cuidadosamente por su padre James Spears, trabajaron de a poco para limpiar la imagen de la cantante con la prensa, recuperar su estabilidad emocional alejándola del licor, las drogas y el desmedido sexo con los paparazzi y miembros de su equipo de baile. Y lo más importante, recuperar la custodia de sus hijos Sean Preston y Jayden James Federline.
Durante su escala fuera del cavernoso hoyo en el que se encontraba, la Srta. Spears preparaba su nuevo material discográfico Circus, el cual la llevaría nuevamente a las cimas de la música pop internacional. En septiembre de 2008 recibe tres premios en los MTV Video Music Awards, en una ceremonia que parecía estar orquestada para el beneficio de la artista. En ese mismo mes se emite Womanizer, el primer sencillo del nuevo álbum. La publicidad generada por el equipo de Spears y su victoria en la entrega de premios mencionada, llevan a esta canción al tope de los listados de Estados Unidos y marcan el inicio de la reconquista mundial por parte de la cantante.
Actualmente, quien en su momento fue la niña mimada de Estados Unidos está recorriendo ese país con su primera gira en cinco años titulada, The Circus Starring: Britney Spears. Como su nombre lo indica, este espectáculo se inspira en elementos circenses, y cuentan con coreografías incesantes, acompañadas por las canciones que la hicieron famosa, las cuales no son cantadas en vivo, abusando del playback.
Como una montaña rusa fuera de control, Britney Spears y sus altos y bajos, vienen y van como el cambio de la marea. Pero siempre parecen venir coreografiados como todos esos bailes que la artista realiza en sus videos. Su éxito actual ha sido manejado a la perfección por una máquina de relaciones públicas, capaz de cambiar la opinión general de las personas y transformar los chismes y los insultos, en halagos y fanatismo; de errores cometidos a pecados perdonados. Britney parece haber aprendido que su corona se ve mejor sobre una cabeza con pelos.