Hesiodo cuenta en El Trabajo y los Días de cómo Zeus había resuelto mantener el fuego en secreto, fuera del alcance de los mortales especialmente, y de la cólera que le vino cuando se enteró que Prometeo, también en secreto, había robado el fuego para dárselo a los hombres para que puedan cocinar.
Zeus se vengó de esta violación de su secreto enviando al mundo a Pandora, la primera mujer sin padres, tan hermosa como falsa, quien por curiosidad abrió el ánfora con la que había sido enviada dejando escapar así todos los males que la humanidad hasta entonces desconocía (enfermedad, fatiga, vejez, hambre, dolor, crimen, tristeza) excepto esperanza. Por lo que Pandora salió corriendo a decirles a los mortales que no estaba todo perdido, pues, aún quedaba esperanza. (Nietzsche no encuentra aquí contradicción, pues, la esperanza, según él, es una de las peores plagas).
Los secretos, esos bastiones de nuestra intimidad, han estado presentes en los más diversos episodios, tanto de la historia de la humanidad como en la de cada uno de nosotros. En ocasiones han estado asociados a grandes desastres como el que provocó la ira de Zeus y la curiosidad de Pandora. En otras ha servido de argumento literario. Tal es el caso de la última novela del escritor inglés Hanif Kureishi, Algo que contarte (Anagrama. 2009), que fuera publicada en Londres el año pasado y que ahora ha sido traducida al español.
Su protagonista, Jamal Kahn, es un escritor y psicoanalista exitoso, que vive cómodamente en Londres separado de su esposa Josephine, y padre de un adolescente que adora. Vive entregado a sus libros y lleva consigo una enorme carga de deseos insatisfechos. Como él dice su arte u oficio tiene que ver con los secretos. Ellos son “mi moneda de cambio”, “ellos me permiten vivir. Los secretos del deseo, de lo que la gente realmente quiere, y de lo que más tiene miedo”.
Jamal ha llegado a la mitad del camino de su vida y comienza a sentir que él también está perseguido por algunos secretos de su lejano pasado. Uno es Ajita, su enamorada de secundaria, a la que no ha visto por décadas, y con la que conoció el amor, el peligro y el placer. El otro es que Jamal no solo está unido a ella por el recuerdo del primer amor sino por un acto de violencia que jamás confesó.
El relato nos lleva atrás, a la década de los años sesenta y parte de los setenta, al tiempo en que ocurrieron estos hechos. El escenario de lo sucedido tiene como telón de fondo el ambiente de bohemia, rebelión cultural y experimentación que se vivía en Londres en aquella época. A un punto parecería que Jamal hoy está cosechando los excesos de su pasado de hedonismo y triunfante creatividad.
En todo caso, el protagonista no puede evitar comparar su vida y secretos con los de aquellos que le confiesan los suyos en el consultorio, así como con los de otros que le rodean. La novela toma un giro interesante aquí, pues, nos presenta una sucesión de personajes -algunos cómicos, otros no tan cómicos- que llevan a cuestas el peso de tantas promesas rotas y sueños incumplidos.
Y en cierta medida son personajes –como el de su hermana Miriam, por ejemplo– que, aunque podrían decirse que son secundarios, a veces parecen rebasar al propio héroe de la historia. Todos ellos parecen atrapados por secretos que revelan sus limitaciones como seres humanos, todos perseguidos por sus pasados hasta que logran encontrarlo y perdonarlo.
Hanif Kureishi ha escrito una estupenda novela. Un poco larga quizás pero muy interesante. A mediados de los años ochenta, Kureishi irrumpe en la escena tanto del relato como de la cinematografía. Ha estado a cargo del guión de las películas My beautiful lauderette, trabajo por el que recibió una nominación al Oscar en 1986, y Sammy and Rosie get laid (1987). Es autor de El Buda de los Suburbios (1990) traducida al español en 2006 por Anagrama y en 1998 publicó Intimidad, de la que salió una versión en español en 2005.
De padre pakistaní y madre inglesa, Kureishi nació en Bromley, Kent, en 1954, y siguió estudios de filosofía en King’s College de Londres. Como anota Welles, a diferencia de Rushdie –otro escritor con raíces coloniales inglesas– Kureishi parece menos interesado en los conflictos internos de los expatriados y más en la forma cómo logran acomodarse en la cada vez más multicultural Inglaterra.