Cuando se discutía el proyecto de nueva Constitución, en el periodo antes del referéndum, el Presidente de la República y sus voceros aseguraron, una y otra vez, que no atentarían contra el Registro Civil Municipal de Guayaquil. No pasó mucho tiempo para que incumplieran su promesa, creando un nuevo Registro para que funcione en el centro de la ciudad, el sitio menos adecuado para esta clase de servicios por los problemas de tránsito que provocará.
Esta postura le hace daño a Guayaquil, ciudad a la que sistemáticamente este Gobierno amenaza, pero perjudica aún más a otras ciudades que por olvido de los gobiernos de turno, no cuentan con un Registro Civil medianamente decente. Es allí donde deberían invertirse los recursos que hoy se quieren malbaratar en Guayaquil para obtener algunos votos más.