Domingo 15 marzo Comunidad

Tras 44 años, las misas en latín se reviven en La Puntilla

Bessy Granja

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El sacerdote Alfonso Avilés frente al altar y de espaldas a la comunidad. Él consagra el vino convertido en la sangre de Jesús.

El humo del incensario que un niño monaguillo mece cuidadosamente, de atrás hacia delante, invade cada rincón de la iglesia Santa Teresita de Jesús, en La Puntilla, Samborondón. El santuario se viste, lentamente, de una  nube de humo, similar a un velo blanco, como el que usan algunas devotas  que, arrodilladas, escuchan la misa en las primeras filas.

El domingo pasado, media iglesia estaba llena. Los fieles acudieron a las 08:00, al sonar de las campanadas, para celebrar la misa tridentina o en latín, que se celebra desde abril del año pasado en este templo y cuyo nombre proviene del Concilio de Trento, celebrado en Italia de 1545 a 1563 y donde se afianzó este rito.

De frente al altar y de espaldas a los feligreses, característica principal de esta celebración antigua, el sacerdote Alfonso Avilés se arrodilla e inicia la misa diciendo: “In nomine Patris et Filli et Spiritus Sancti (en el nombre del Padre, del  Hijo y del Espíritu Santo)”.

Los devotos hacen la señal de la cruz y responden, al unísono, Amén. El altar está adornado de flores, cirios y un crucifijo. También están el copón (con las hostias) y el cáliz (vaso para el vino) cubiertos por un pañuelo,    llamado purificador, de color morado que corresponde al tiempo de Cuaresma.

El padre se mantiene de espaldas. Reclina su cabeza ante el altar y lo besa, en señal de adoración. Continúa de rodillas y en actitud de plegaria.

En latín, reza el salmo 42: “Júdica me. Deus, et discérne cuasam meam de gente non sancta. Ab hómine iníquo, et dolóso érue me”. En él pide justicia y protección a Dios de los  perversos. Le sigue el acto de contricción y   oraciones, en silencio.

Las notas de un piano acompañan el susurrar de los fieles que oran y están  de rodillas. Luego el padre canta junto al coro, ubicado en la parte de atrás y superior del templo, el himno Kýrie eleison, para implorar el perdón de Dios.

Un juego de voces de hombres y mujeres, de entre 20 y 60 años, crea una atmósfera de solemnidad durante los 75 minutos que tiene esta misa.

Aunque no se entienden, los armoniosos cánticos en latín llaman la atención de los devotos, en especial de los niños, que escuchan con atención y tratan de seguirles el ritmo.

El rito es seguido por algunos de los fieles que lograron conseguir el misal, un cuadernillo en latín y en español, con las dos partes de esta celebración: misa de los catecúmenos y misa de los fieles, que equivale a la liturgia de la palabra y de la eucaristía en las misas en español o llamada también del Concilio Vaticano II, celebradas desde hace más de 40 años.

Súplicas, el Credo, epístolas y el evangelio, cuya homilía o sermón lo hace el sacerdote en español y de frente a su pueblo, reflejan una solemnidad superior a la de la misa tradicional.

“El rito tridentino intenta rescatar la adoración a Dios. Evoca un ambiente sagrado y el sentido de la devoción a la Santa Misa”, apunta Avilés.

En la primera parte se prepara a los fieles para el punto máximo, el ofertorio, donde se consagra el pan y el vino que se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Jesús y se reparten en la Comunión, la cual se recibe de rodillas,  otra antigua práctica de la Iglesia Católica.

Un asistente guía a los fieles cuando deben arrodillarse y qué responder  durante la misa, donde el padre se asiste con dos ministros de la comunión, dos monaguillos y un diácono.

La hoja dominical es diferente a la de la misa vaticana, que distribuye la Arquidiócesis y su contenido está en latín y en español. “El tiempo pascual es el mismo, ahora estamos en Cuaresma, solo varían las lecturas que se establecen, a nivel mundial,  por la Comisión de Liturgia del Vaticano”, anota Avilés.

La parroquia tardó casi tres meses en prepararse para oficiar las misas en latín, que fueron pedidas por la comunidad, asegura su párroco. Desde septiembre del 2007 este rito se puede celebrar en todas las iglesias luego de que el Papa Benedicto XVI levantara su restricción en el “Motu Proprio” (documento papal). 

 El idioma de este rito hace que algunos se sientan desorientados, como Wilson Chiriboga, de 65 años. “Yo me quedo con la otra. Me perdí en todas las lecturas”, dice. Su esposa, Liliana, lo interrrumpe. “A mí sí me gusta, me acuerdo cuando mi abuela me llevaba a misa”.

El párroco admite que el idioma es una dificultad para los fieles que asisten a esta misa pero por eso “se celebra una vez por semana hasta que la comunidad logre acostumbrarse”.

VESTIMENTA
Los bordados y la imagen de Jesús con la corona de espinas de la casulla del padre llaman la atención. Para los ritos tridentinos la vestimenta debe ser muy elegante por la importancia que tiene la Santa Misa. También se usa el manípulo, una especie de pañuelo para secar la frente, en el antebrazo.

Algunas fieles usan velo para demostrar su respeto a  la casa de Dios, como se hacía antiguamente. Según Julia de Frahat, de 68 años, la ropa debe ser  recatada pues “la misa es un encuentro con el mismo Dios”.

Según la Arquidiócesis Santa Teresita es la única iglesia donde se hace este tipo de misa a la que se quiere sumar la de San Antonio María Claret, de Urdesa. Ahí se estrenará en abril.

Natalia Molina
Feligrés, 37 años.
“Cuando estoy en la misa tridentina siento una paz y una conexión con Dios, que nunca había sentido. Es como estar frente a Él, de rodillas diciéndole que lo amo”.

Juanita Hernández
FELIGRÉS, 45 años.
“La verdad no entendí lo que decía el sacerdote, me perdí durante toda la misa porque hablaba en otro idioma. Me llamó la atención porque todo era muy solemne”.

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