Los días bajo 0º se viven en familia

Por dentro, la estación científica Pedro Vicente Maldonado es como una casa común, con su cocina, comedor y hasta un altar a la Virgen María, a quien los expedicionarios se encomiendan antes de ir a los glaciares a hacer sus estudios.

“Después del trabajo compartimos las tareas de limpieza y los momentos de descanso, y hasta hemos hecho parrilladas en la nieve”, comenta José Olmedo Morán, director del Instituto Antártico Ecuatoriano (INAE). Él dice que el convivir como una familia vuelve menos inhóspito ese lugar, donde además de las bajas temperaturas deben enfrentarse a la exposición directa de los rayos ultravioletas del sol, por el desgaste de la capa de ozono.

Por ello, cada vez que salen de la base, los científicos deben usar ropa interior térmica y un traje antártico, que con las botas y los cascos alcanzan un peso de 40 libras. “Quienes viajan a la Antártida deben estar en buen estado físico, porque caminar con toda esa ropa es dificultoso y cansa muy rápido”, indica Olmedo.

Además de ello, los expedicionarios deben lidiar con los vientos helados que alcanzan una velocidad de 100 kilómetros por hora. Cuando estos se presentan, el grupo debe quedarse en la base científica, que tiene un recubrimiento impermeable y calefón para mantener la temperatura en 18º.