Ese viaje de salud también le permitió al artista compartir la primera experiencia turística en solitario con su padre. Sin duda un viaje emotivo. “Recorrimos Toronto y realizamos un viajecito precioso por la campiña canadiense, visitando pueblecitos pintorescos y una reserva natural hasta llegar a las impresionantes cataratas del Niágara, con su torrente imparable de vida atravesando fronteras hasta llegar al mar”, recuerda Cañizares.
Esa catarata, a dos horas de distancia de Toronto, impresionó al artista con la fuerza imponente que exhibe al precipitar toneladas de agua en una caída de cien metros. Pocos días después y tras una operación exitosa y recuperación casi extraordinaria, el 22 de julio Cañizares regresaba a Guayaquil. “Aún convaleciente salí al escenario del Teatro Centro de Arte a tocar como solista de la Fantasía Coral de L.V. Beethoven junto a la Orquesta Sinfónica de Guayaquil y a su Coro Sinfónico, dirigidos por la maestra austriaca Clementine Neuray”.
“La primera prueba se había superado, pero quedaban otras: los concursos y presentaciones de mis alumnos Alejandro Ormaza y Mangfred Mora, en Italia y Austria. Logré acompañarlos para verlos actuar. El primero de ellos alcanzó el segundo premio en un concurso internacional en Italia. Luego con Mangfred recorrimos Amsterdam, Viena y Graz. Más de una vez caminamos por las cimas nevadas de los Alpes austriacos, cruzando la frontera con Eslovenia”, evoca con entusiasmo Cañizares, agradecido de que su salud le haya permitido recuperarse para emprender esa aventura turística a las pocas semanas de su operación.