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Edición del DOMINGO 15 de Marzo del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Pérdida de vellos y otros temas
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Estoy perdiendo los vellos de mis piernas. Me comenzó el año pasado; ya va por la mitad de cada una. Parece que me hubiese rasurado y cada día  el problema aumenta. No sufro de diabetes y solo tengo un poco de colesterol alto. Un médico me dijo que era alopecia. Quiero saber qué hay de cierto. ¿Será que me voy a quedar como si me hubiese rasurado todo el cuerpo? Estoy un poco frustrado, ya que en el verano no puedo usar pantalones cortos, pues mis piernas lucen un poco cómicas, mitad con vellos y la otra mitad sin estos. Dígame si hay un tratamiento, ya que me gustaría que vuelvan a crecer. Tengo 63 años y no creo que sea por la edad.
Mario,
Brooklyn, Nueva York


El folículo piloso es el único órgano mamífero que se regenera continuamente, que crece en forma cíclica y es un reservorio de células madre epiteliales y melanosíticas (que dan color). Posee un sistema especial de defensa contra la infección. Nuestro cuerpo posee aproximadamente 5 millones de pelos (lanudo, vellos y pelos terminales), 100.000 en el cuero cabelludo y la densidad (cantidad) comienza a disminuir con la edad; las personas mayores de 60 años tienen una menor densidad. En las piernas, los pelos terminales en fase anagén (una de las etapas en el ciclo de crecimiento del pelo) duran de 19 a 26 semanas. Los traumas en las piernas (fricción o roce) hacen que esta fase del pelo sea más corta. Además, el incremento de andrógenos disminuye la prolongación de esta fase. En cuanto a su padecimiento, hay que descartar procesos inflamatorios previos como infecciones bacterianas o micóticas que ocasionan fibrosis del folículo y por ende alopecias (caída del cabello) cicatrizales. La alopecia areata es poco probable por presentarse en forma bilateral, es un proceso no cicatrizal que parece una enfermedad autoinmunitaria en la cual intervienen factores genéticos y ambientales, se presenta del 0,1 al 0,2% de la población, en ocasiones asociadas a enfermedades alérgicas (asma o rinitis), enfermedades de la glándula tiroides y diabetes tipo 1.

Lo más probable es que usted presente una alopecia por fricción (roce), por uso de ropas gruesas, botas, para lo cual se recomienda hidratar la piel, cremas que contengan corticoides de baja potencia y uso de ropas adecuadas.
Dr. Manuel Briones Ibarra
Dermatólogo.
Telf.: 229-6778


Esposo déspota y bebedor 
Tengo 42 años de edad, casada hace 19 con un hombre de 57, divorciado 2 veces y con 4 hijos varones, incluido el mío de 19. Mi esposo tiene dos hermanos (varones). Su padre se fue al exterior con otra mujer dejándolos pequeños y sé que el señor maltrata verbalmente a la actual esposa. Hasta los 18 años los sostuvo económicamente. Desde muy temprana edad el alcohol a mi esposo le ha llamado la atención, hasta la actualidad. Toma los fines de semana. Desde hace mucho su comportamiento es déspota, todo le molesta, al manejar insulta a todo el que se le atraviesa, no tiene paciencia para nada ni nadie. Su cara denota amargura, pesimismo, derrota. Mientras él ocasiona problemas yo trato de evitarlos, vengo de un hogar bien formado y pienso que la familia es el pilar fundamental de toda sociedad.

He intentado tres veces divorciarme, sin embargo, he desistido por pensar que algún día va a cambiar. La paciencia y el amor que le tenía se me están terminando. Además es machista, indica que no ha nacido mujer que lo gobierne ni organice.  Soy autosuficiente, trabajo, solvento mis gastos el 100% e incluso le he pagado los estudios a mi hijo desde que estaba en tercer año hasta ahora. A mi hijo le he inculcado buenos principios, es cariñoso, a diferencia de su padre. Pago agua, luz, teléfono. Tengo años que no asisto a fiestas con él porque baila con otras mujeres, se pone a coquetear con ellas y a mí me deja sentada. Me ha fallado en los momentos más importantes de mi vida, necesité de él cuando estuve en tratamiento por una enfermedad y me dio la espalda. No acepta ir donde psicólogos ni leer libros que lo motiven a cambiar de actitud, es más su lema es: primero yo, segundo yo y el resto que espere.  A pesar de todo lo expuesto, no pierdo mi felicidad ni buen humor, mi manera de discutir con mi esposo es quedarme completamente callada. ¿Qué hago?
N.N.,
Guayaquil


Primeramente permítame expresarle mi admiración por la resistencia que tiene para soportar a alguien tan supresivo como la persona que  describe en esta consulta, realmente usted tiene una salud mental de hierro. Sin temor a exagerar le aseguro que otra persona ya hubiera huido (las dos esposas anteriores de él se divorciaron) o estaría internada en algún sanatorio desquiciada por un trato semejante, por decir lo menos. Usted tiene total razón cuando dice que la familia es el pilar fundamental de la sociedad y no quiero detenerme hablando del perfil de su marido, si lo hiciera, cualquiera tendría derecho a pensar que soy su enemigo y ni es mi estilo, ni en una columna tan prestigiada como esta   caben malas palabras. Toda persona por deteriorada que tenga su conducta puede mejorar, pero si se deja ayudar; no es el caso de él, razón que me autoriza a afirmarle que él no va a mejorar, puede cambiar pero para peor. Ningún terapeuta alienta el divorcio, ni ningún tipo de ruptura, pero ante una situación así es imperiosa la necesidad que una persona tiene de ponerse a salvo y alejarse de alguien así sin la menor duda. Le reitero mi inicial expresión por su actitud tan saludable, pero la decisión final es solo suya.
Dr. Eduardo Tigua Castro,
Psiquiatra-Psicólogo.
Telfs.: 253-0699, (09) 934-6744.


Cambios en esposa
Tengo año y medio de casado, hasta casi un mes las cosas estaban bien con mi esposa, pero después de que le conversé de tener hijos empezó a cambiar. Se puso distante y no quería tener ningún contacto conmigo. Hablamos de eso y me dijo que en este momento no se siente totalmente enamorada y que he perdido ciertos detalles. Me dijo que ha querido hacer ciertas cosas, pero que le dije que no; y me pidió que le diera su espacio, que quiere salir con sus amigas y amigos sola, que no la vaya a dejar ni a ver después de sus reuniones; y que quiere estar sola para pensar y ver si me extraña. Hasta me dijo que sería mejor que yo me fuera de la casa. Me parece raro porque yo siempre le he dado su espacio, no soy celoso, más bien lo es ella. Siempre he tratado de hacerla sentir bien y he estado cuidándola. Le pregunté si es que hay otra persona, si le gusta alguien, pero me dice que no. Pero agrega que como no se siente totalmente enamorada tiene miedo de que en un futuro alguien le guste y me falle. Le dije que ese miedo yo también lo siento porque puede que me encuentre con alguien que me pueda hacer pensar y sentir diferente, pero a eso no le doy importancia porque la quiero mucho y si me casé fue para toda la vida. Ella dice que sí me quiere y que le gusta mi compañía, pero no sabe lo que quiere, incluso me pidió que la enamorara, que la reconquistara. Es duro esta situación, yo quiero mucho a mi esposa y deseo salvar nuestra relación. ¿Qué puedo hacer?
N.N.
Guayaquil


Es positivo el hecho de que usted y su esposa tengan mutua confianza en expresar lo que están sintiendo como pareja. Se da un ambiente propicio para superar discrepancias, llegando a tratar de comprender sus diferencias haciendo uso del diálogo, el acto más humano de todos los actos. El diálogo se cumple cuando quienes se comunican lo hacen en forma equitativa, es decir, se dan las mismas oportunidades para hablar y escuchar.

Su esposa le dice que usted ha perdido ciertos detalles con ella; que ha querido hacer ciertas cosas y que usted le dijo que no, puntualizando que quiere su espacio. Usted dice: “…Me parece raro. Siempre he tratado de hacerla sentir bien y he estado cuidándola”.

Como que la situación giraría en torno al manejo de la voluntad. La pareja conyugal adulta emocionalmente tiene claridad y seguridad en saber que cada individuo es quien maneja su propia voluntad. La persona es un sujeto que siente, piensa y actúa, de acuerdo con su mundo o realidad única, que se enriquece y evoluciona en el diario vivir, construyendo nuevas realidades al interactuar con otros seres humanos mediante el diálogo. Permitir que otra persona maneje la propia voluntad de uno es exponerse a ser considerado un objeto y no un sujeto. Cuando al solicitar algo se hace una pregunta en vez de dar órdenes directas, la persona a quien nos dirigimos es quien decide con su voluntad hacer la acción, ejemplo: ¿podrías cerrar la puerta? en vez de  ¡cierra la puerta!

Si al reflexionar lo anteriormente expuesto, usted siente que necesita cambiar actitudes para solucionar su problema, busque ayuda profesional. 
Melba Ribadeneira de Paz,
Psicóloga educativa y magíster en terapia familiar.
Telf.: 283-1867


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