Nunca podremos olvidar la memoria de Guido Garay, gran gestor cultural que dirigió e interpretó las piezas de Rodrigo Chávez González, y las presentó en todo el Ecuador con el Cuadro Folklórico Montubio.
Su contribución a la dramaturgia fue inmensa, porque se convirtió en director teatral, coreógrafo, bailarín y compositor, y llevó las tradiciones y costumbres costeñas a los cuatro puntos cardinales.
Nunca presintió el inmenso legado que gestó para todos, desde ahí y desde cuanto escenario fue propicio para regalarnos con su arte, convirtiéndose en el maravilloso ejemplo que todos debiéramos emular.
Guido fue, contrario a lo que modestamente pensaba, un ser extraordinario, noble, sencillo, talentoso, amante de su tierra y sus raíces. Encarnó la verdadera figura montubia. Su paso por el mundo nos llenó de lecciones. Nos enseñó que debemos ser dispendiosos con el saber en beneficio de los demás; que podemos ser artistas sin haber ido a la escuela de teatro; que podemos aprender sin graduarnos en la universidad; y, que podemos ser grandes, como él, desde la humildad.
Lo importante, ahora, es mantenerlo vivo en el recuerdo. Guayaquil le debe una calle con su nombre, una plaza con su monumento y una escuela de danza montubia que valore y perennice lo nuestro.
ÓPERA PARA GUAYAQUIL. Fue en 1987 cuando tuve el privilegio de conocer personalmente a Guido Garay, en casa de Argentina Feraud. Mucho había escuchado sobre él. Era indiscutiblemente famoso. Su andar por cuanto escenario le habían ofrecido sus tablas había sido siempre objeto de las mejores críticas. Discípulo de Ángelo Negri, cautivaba con su voz de barítono.
Su vocación eran, además, los temas montubios. Y aquel día, cuya fecha no preciso, Argentina nos invitó a participar de un sueño: tener ópera en Guayaquil. Estuvieron también Francisco Pérez Castro, Laura de Perrone, Yela Loffredo, entre otros. Luego ampliamos el grupo y, en horas noctámbulas, intentábamos dar forma al proyecto.
Lo primero que se me ocurrió fue hacer una fundación, que denominamos Amigos de la Ópera. Pero reconozco que abundé en democracia. Al final, ante la propuesta inaceptable de algunos de repartir las utilidades entre los fundadores, con derecho, además, a un palco, resolvimos posponerlo. Supongo que cuando Guido se fue, el 15 de enero del 2009, se llevó esta aspiración entre sus cosas pendientes...
RECUERDOS DE GUAYAQUIL ANTIGUO (4 de octubre de 1988). Más de mil personas vinieron a la velada Recuerdos de Guayaquil antiguo, que organicé en el Palacio de Justicia. Cincuenta fotos de la ciudad, de 1895 a 1945, proporcionadas por Eduardo Salvador, nos ubicaron en el pasado. Carlos Domenech interpretó al piano las canciones de moda en los años del charlestón y del fox trot, y las alumnas de Esperanza Cruz las bailaron, maquilladas y vestidas a la antigua, con los trajes que me facilitó Paco Cuesta, de Los que vendrán. Yo misma lucí uno de ellos. Con los muebles de principios de siglo XX, de Carola Saltos, armamos la sala. William Wilson le puso el fondo con un cuadro de la calle Villamil en carboncillo. En ese entorno, en diálogo con Guido, revivimos el ayer con la intervención del público, Clarita de Piana, entre muchos. Mientras se desarrollaba la escena, me preguntaba: cuando Guido ya no esté, ¿habrá alguien para contarlo? Así nació.
ESTAMPAS DE GUAYAQUIL: Al acabarse el evento propuse a Guido recoger en un libro sus escritos sobre nuestro querido lugar natal. Con el entusiasmo que lo caracterizaba, al día siguiente vino con su tesoro: restos de artículos publicados en algunos medios, especialmente en EL UNIVERSO, en cuartillas rotas, desordenadas, otros inéditos, pero cada uno relatado con su típica sencillez, describiendo, de modo singular, como una estampa, las costumbres de la urbe porteña. De ahí el nombre Estampas de Guayaquil, de las cuales William Wilson graficó algunas en plumilla. Gracias a Lucho Navarro, a la sazón gerente del Banco Central, hicimos 1.000 ejemplares que regalamos. Reeditamos igual cantidad después, con la fundación Pedro Vicente Maldonado. El producto de la venta lo recibió Guido, aunque se negó al inicio. Nunca se interesó por las cosas materiales. Le bastaba tener para subsistir y comprar los remedios para Piedad, su adorada compañera. A su edad, seguir vivo, decía, era bastante. Entonces pensé que llegar a solo dos mil personas con el recuento de los tiempos idos no era suficiente, de modo que emprendí otra aventura con el noble Guido, por supuesto.
GUAYAQUIL DE AYER: Queríamos decir a todos quienes se interesaban por nuestra historia cómo surgió la ciudad, cómo creció y se desarrolló, cómo era su gente, sus personajes, el estilo de vida, la música, el arte, el teatro, los infaltables políticos, los escritores, en fin, aquellos que se habían destacado en cualquier campo. Creé un espacio en Radio Nacional bajo el nombre ‘Guayaquil de ayer’, que se transmitía los sábados, de 09:00 a 10:00. Mi puntal era Guido, quien narraba lo que recordaba con particular estilo y fidelidad. Era el recuento de sus años mozos y el de sus mayores. Siempre tuvimos un invitado adicional. Entrevistamos a muchas personas valiosas. Cada una aportó su rica experiencia. No faltó la música nacional: Carlos Rubira, Maruja Mendoza, Hilda Murillo, Silvana, Astrid, César Augusto y muchos más. Con Parsival Castro, durante más de un año, reconstruimos históricamente la urbe, con la evocación de sus calles, plazas, parques, iglesias y barrios. Un lustro después, la radio cerró...
En una de las tantas charlas que mantuve con Guido, quien tenía un caudaloso acervo cultural, le pregunté por las piezas de Rodrigo Chávez González. Desconocía su destino. Pensé, entonces, en emprender su rescate. De ahí surgió.
EXPRESIONES DE FOLCLORE COSTEÑO: Festejamos su nacimiento en una maravillosa noche de septiembre de 1995, en el auditorio de la Universidad Laica, con guitarras y pregones recitados por Lily Pilataxi. Este libro, que por su dimensión parece una guía telefónica, recoge parte de la obra de Rodrigo de Triana. Hoy, nuevamente con la ayuda de la Dra. Elsa Alarcón, estamos reeditándolo. Guido dirigió y adaptó la música a las comedias que se presentaron, desde 1965, con el Cuadro Folklórico Montubio. Por eso, sin su colaboración y el material que me entregó, no hubiese podido hacer esta recopilación que cuenta con los programas, fotos y partituras de cada presentación. Agregamos Proyección de estética costeña, del propio Guido, y los versos inéditos de Sergio León.
FIN DEL ESPECTÁCULO: La vida es como la rueda moscovita que no se detiene. Guido seguía girando con ella y, aun con más de 80 años a cuestas, continuaba siendo guía de los pocos que se interesan por el folclore, como Sergio Cedeño, quien, al conmemorarse el centenario del nacimiento de Rodrigo, me invitó a dar una charla sobre tan singular personaje, en el acto organizado por la Fundación Regional de Cultura Costeña (29.01.2008). Solicité a Guido que interpretase dos de las canciones que forman parte de las obras. Presto aceptó y las cantó, con la guitarra de Luis López y el requinto de Gabriel Segarra, vestido de cotona, sombrero en mano… Como siempre, se robó el espectáculo.
Guido fue un artista en toda su dimensión, hasta cuando resolvió que la vida, sin poder leer, sin comida, ni bebida –que le prohibieron servirse en exceso– no merecía la pena vivirla, menos contarla. Entonces, bajó el telón, esta vez para siempre...