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Edición del DOMINGO 15 de Marzo del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Lo que nos queda del Liberalismo
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Eloy Alfaro (1842-1912), gestor de la Revolución Liberal.
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De esta filosofía venida de Europa e impulsada por Eloy Alfaro en Ecuador quedan apenas destellos, aseguran historiadores y analistas.

Su influencia llegó con retraso al Ecuador desde Europa, pero logró cambios trascendentales que permitieron gran parte del desarrollo académico y económico del país durante el siglo XIX.

El liberalismo dio libertad en la educación, se afianzó la independencia para escoger dónde estudiar y dio paso a leyes que concedían más derechos a la mujer, como el divorcio y el voto, recuerda el escritor y profesor Carlos Camacho.

“Habíamos vivido un ambiente netamente conservador con algún destello liberal, como el caso de Vicente Rocafuerte y Urbina”. Pero es recién con la aparición en el escenario político del país de Eloy Alfaro que el liberalismo viene a tomar una mayor importancia y a tener un espacio en cuanto a la cobertura social.

Alfaro, señala él, se conectó con las ideas liberales por su padre, que exportaba sombreros de paja toquilla a Panamá o directamente a Europa. De allí le venían revistas y libros que lo adentraron en esta filosofía. Luego se fue a Lima, donde aprovechó para instruirse en la biblioteca del poeta Ricardo Palma, en la que reforzó sus ideas.

“El conservadorismo de tiempo atrás buscaba conservar la estructura de cosas tal y como están. El liberalismo buscaba darle un nuevo horizonte a la sociedad”, añade el historiador Melvin Hoyos Galarza.

Las independencias de los países de América Latina, dice él, estuvieron movidas por hombres de ideología liberal. En Ecuador, las ideas empezaron encarnadas en Vicente Rocafuerte y Pedro Carbo hasta que tuvieron el impulso de la revolución alfarista en 1895.

A partir de esta se dio un auge a la formación intelectual. El Estado fue separado de la Iglesia y se instauró el laicismo, que puso fin a décadas de intolerancia, asegura Camacho. Una nueva generación de literatos y plásticos nació por influencia del liberalismo. Apareció la pintura social, con Joaquín Pinto y Eduardo Kingman.

Limitar al Estado
Pablo Arosemena Marriott, director ejecutivo de la fundación Ecuador Libre, agrega que el liberalismo surgió de manera evolutiva en el mundo. No deliberadamente. “Cuando el Gobierno de turno, en esa época las monarquías, empezó a abusar del poder, la gente se sintió descontenta y protestó”. Así se iniciaron la revolución inglesa, la americana y luego la francesa, pero surgen como un hastío al poder y abuso de los monarcas.

Y dan paso al liberalismo que nace para limitar el poder del gobernante. Cuando se limitó, opina, empezó el desarrollo económico.

El pasado 5 de marzo, Arosemena ofreció la conferencia ‘Pensando fuera de la caja: una introducción al liberalismo’, que contó con la participación de jóvenes y profesionales. Allí se debatieron el origen e impacto de esta doctrina.

A su juicio, las ideas que surgieron entre los siglos XVII y XIX en Reino Unido migraron a Europa continental, a Francia y Alemania y llegaron a pensadores como Rosseau o Voltaire. Entonces da un giro democrático y con esos cambios llega a España y luego a las colonias. Por eso asegura que el liberalismo que hubo en el país fue muy tímido, aunque dejó cambios innegables en el campo educativo, cultural y social.

Arosemena dice que en el país seguimos pensando dentro de la caja del Estado, dejando de lado premisas liberales que se aplicaron en el mundo. Y da un ejemplo sencillo: la gente en Ecuador no ahorra para la vejez y el Estado tiene que hacerlo.

“La propuesta liberal sería dejar que la gente decida libremente dónde hacer sus aportes, hacer surgir una especie de competencia. Pero aquí no podemos elegir y si lo hacemos es un aporte doble”, indica él.

En esencia, dice Hoyos, la filosofía liberal permite que la  sociedad encuentre  el derrotero adecuado para su desarrollo. “Buscan en principio el beneficio de los miembros de la sociedad, cómo encontrar el beneficio social para todos, en cuanto a ingresos, estatus, viviendas, todo aquello que es necesario para un bienestar real y digno”.  Pero en la actualidad nos queda poco de esa esencia.

Dice que el liberalismo aprovecha los recursos para que progrese cada uno de sus miembros. No crea beneficio para determinado estrato ni hacer exclusiones. “No se excluía  a empresas exitosas. No existía el concepto del pelucón ni del ricachón. Velaba por el beneficio de todos los estratos sociales de la comunidad, no solo por los que no tienen”.

La idea era que la comunidad entera progrese, por eso los liberales se enfrentaron a los conservadores, que dominaban a la sociedad y buscaban primero su beneficio para de ahí velar por los demás.

“El liberalismo actualmente está fusionado en diferentes movimientos ideológicos pero totalmente desvirtuado de como se originó en el siglo XIX. Está como atomizada (la filosofía liberal) o tergiversada”, asegura Hoyos.

Liberalismos versus socialismo
Contrario a lo que se piensa, dice Pablo Arosemena Marriott, el liberalismo implica una menor intervención del Estado en la vida de las personas. Y ello tampoco se observa en la actualidad. “Para los liberales, la libertad significa la ausencia de coaccionar ni mi vida ni propiedades”. Pero desde los socialistas la libertad está asociada al poder.

En la igualdad también establece diferencias con el socialismo. “Para los liberales debe existir igualdad ante la ley, sin privilegios ante la ley. Desde la perspectiva socialista se percibe la igualdad mediante la ley. La ley mediante sus fuerzas nos va a igualar. Para los liberales puede haber pobres y ricos pero ser medidos con la misma vara. Para los socialistas cuenta la igualdad económica de resultados no en derecho”.

Del liberalismo han quedado vestigios, coinciden estos tres especialistas, y unas cuantas chispas esporádicas que no se encienden más allá de una conmemoración anual de la revolución liberal. (K.V.)


La filosofía liberal busca en principio el beneficio de los miembros de la sociedad, cómo encontrar el beneficio social para todos, en cuanto a ingresos, estatus, viviendas, sin hacer exclusiones”.
Melvin Hoyos, historiador

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