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Edición del DOMINGO 8 de Marzo del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Le Corbusier, el primer arquitecto global
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Pabellón Philip en la Feria Internacional de Bruselas (1958) muestra el optimismo en tiempos de posguerra en Europa.
Foto: Dalcs 2009
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Texto: Susana Cárdenas Overstall (susanacardenas@gmail.com), desde Londres

Es el aclamado arquitecto creador de audaces ideas que aún resuenan hoy, cuarenta y cuatro años después de su muerte, y que se recopilan en una extraordinaria exhibición  en el Barbican Art Gallery de Londres.

La exposición denominada Le Corbusier-El arte de la arquitectura desvela al multifacético artista, poeta, diseñador y, antes que nada, al arquitecto más influyente del siglo XX.

Arquitectos de zapatos Converse, casaca y vaqueros; de cabello alborotado, anteojos y mirada fija analizan las maquetas de las Máquinas para vivir.

Así bautizó Le Corbusier a sus pragmáticos y funcionales diseños de viviendas, de líneas puras, de iluminados y abiertos espacios que parecían disolver la distinción del interior y el exterior. “Observe los rascacielos de las ciudades, entrecruzados por autopistas repletas de coches y mirará un paisaje creado en la imaginación de Le Corbusier”, expresó Tom Dyckhoff del diario The Times de Londres.

Charles–Edouard Jeanneret, mejor conocido como Le Corbusier (1887-1965), nació en La Chaux-de-Fonds, Suiza y se entrenó como relojero y grabador antes de convertirse en arquitecto.

Se involucró en el Art and Craft Movement y viajó por los Balcanes, Turquía, Grecia, Italia buscando el ideal artístico que quedarían plasmados en excepcionales sketches de catedrales góticas, jardines y obras clásicas de Atenas que se muestran en la salas del Barbican.

“Soy un acróbata de las formas, creo formas, juego con ellas”, dijo en su momento. En 1920, ya radicado en París, creyó en el poder de los medios de comunicación para diseminar su visión y fundó la revista L’Esprit Nouveau. Le Corbusier fue el seudónimo con el que firmó sus notas, posteriormente se convertiría en su nombre, su marca, el que dio vida al proyecto Plan Voison (1925) el cual recreó 20 rascacielos en el centro de París.

Una idea irreal, insurrecta
Muchos críticos entendieron que el proyecto era más teórico que práctico y dicho diseño urbanístico le ameritó la fama de uno de los más radicales visionarios de aquellos tiempos.

Simultáneamente Le Corbusier participó en la Exposición Internacional de Artes Decorativas de París y en contraste con el estilo Art Deco que dominaba la exhibición presentó un pabellón que simulaba un cubo blanco.

Amuebló el espacio como si fuera un apartamento, un “showroom de la vida moderna”. Pocos muebles, pinturas cubistas de sus amigos Amedde Ozenfant, Fernando Leger y Juan Gris decoraron las paredes. El concepto de una pieza cargada de diseño purista de los años veinte se traslada a los salones del Barbican.

Los cinco puntos de la nueva arquitectura
El encargo del diseño de casas de acaudalados clientes le aseguran la reputación internacional. También le permiten la oportunidad de formular lo que él consideraba los fundamentos de la arquitectura modernista. Le Corbusier resumió sus ideas en cinco puntos: la utilización de pilotis (columnas para elevar las construcción del suelo); las terrazas-jardín; la planta libre; la ventana longitudinal y la fachada libre.

Para la implementación de estos puntos fue vital el uso de armazones de concreto que liberaran las paredes de la función de soporte y que permitieran que las plantas y las fachadas quedaran abiertas, libres de estructuras coaccionadas.

Le Corbusier aplicó la teoría de los Cinco puntos en el diseño de la Villa Savoye Possey (1928-31) a las afueras de París. La casa que se convirtió en el arquetipo de las “máquinas para vivir” queda suspendida en el paisaje como una forma escultural; el interior personifica el ideal de la arquitectura modernista. La terraza jardín y las ventanas longitudinales permiten que la construcción se abra hacia su entorno y al mismo tiempo que el paisaje se enmarque como una fotografía.

Las modernas construcciones de Le Corbusier necesitaron un nuevo modelo de muebles los cuales diseñó en colaboración de su primo Pierre Jeanneret y de Charlotte Perriand. Juntos desarrollaron una línea de muebles tubulares de acero.

Estas piezas que incluyen el diván y la silla en acero cromado, con aplicaciones de cuero se convirtieron en reconocidas piezas de diseño de muebles del siglo XX. Los primeros prototipos fueron creados a mano para amueblar la Villa Church (1928). Luego se exhibieron en una instalación en el Salon d´Automme en París (1929) y finalmente se fabricaron en serie (1930).

Unidades de Habitación
La posguerra demandó vivienda barata y ofreció la oportunidad a Le Corbusier de crear el complejo a gran escala. En 1947 se le encomendó diseñar las Unidades de Habitación en Marsella. Este edificio de apartamentos de doce pisos de altura albergaba a 1.600 personas y fue la síntesis de las teorías urbanas de Le Corbusier. Dichas unidades contaban con diferentes tipos de pisos, tiendas, clubes, hasta un hotel, divididos en calles.

Los diferentes tipos de pisos estaban pensados para cubrir las necesidades de cada familia o grupo de personas. A pesar de que el proyecto del edificio es complicado, estructuralmente es simple: una rejilla de hormigón y hierro en el que se insertan las unidades de habitación prefabricadas. El objetivo del proyecto era solucionar los problemas de vivienda que los países industrializados comenzaban a sufrir. Años más tarde aquel concepto se transformó en edificios baratos de vivienda masiva.

Otras importantes obras
En América participó en el concurso para diseñar el edificio de las Naciones Unidas en Nueva York. A pesar de que no ganó el proyecto, el edificio construido se asemeja a la propuesta elaborada por Le Corbusier, lo que provocó polémica por el plagio a sus ideas. En los años cincuenta diseñó sorprendentes edificios como el pabellón Philips en la Feria Internacional de Bruselas.

Entre las obras maestras de su madurez destacan la Capilla de Nôtre Dame Du Haut, en Ronchamp, el convento de Sainte-Marie-de la Tourette, y los edificios cívicos que diseñó para Chandigarh, India. “Su deseo por la eficiencia y el racionalismo es comprensible cuando se percata que la mayor parte de la gente vive en condiciones atroces. Su llamado a los elementos esenciales de la vida –luz, espacio, verdor– como estándares para todos, no un lujo para pocos, lo convierte en un humanista”, dijo Dyckhoff.


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