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Edición del DOMINGO 8 de Marzo del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Soporte Emocional
Mente, voluntad y actitud hacia la vida
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Dr. Lenin E. Salmon | lsalmon@gye.satnet.net

La mente humana, todos tenemos una y todos la usamos muchas, a menudo muchísimas veces al día, de hecho, todo lo que hacemos consciente o inconscientemente es procesado por ella.

Es la parte central de nuestra vida, el engranaje que nos pone en sincronía con el mundo interno y externo y, primordialmente, nos hace dar cuenta de nuestra existencia, dónde estamos, de dónde venimos, adónde queremos ir, qué necesitamos para llegar a ese objetivo y reconocer si lo hemos alcanzado o no.

Para funcionar utiliza la inteligencia, la memoria, la experiencia, el sentido común, los sentimientos, en suma, todo lo que trajimos al mundo y lo que hemos vivido y aprendido. En pocas palabras, la mente es el integrador  y a la vez el monitor  de todos los procesos que intervienen en el mantenimiento de nuestro rumbo durante el viaje a través de la vida.  Tamaña empresa, si nos ponemos a pensar. Pero por lo general no pensamos, damos por descontada su existencia y no reparamos en la inmensa influencia que ejerce sobre nuestra vida diaria.

El poder de la mente
Por ejemplo, tan poderosa es la influencia de la mente sobre nuestro estado de ánimo que basta que pensemos en un tema determinado para sentirnos de esa manera, aunque hasta un segundo antes nos sintiéramos de una forma totalmente diferente (como cuando en una reunión en la cual estamos divirtiéndonos nos encontramos con alguien que nos hizo recordar eventos desagradables y sentimos que “nos hizo cambiar el genio”).

O con toda seguridad, al presenciar una escena triste en una película, sentirnos tristes también, aun sabiendo que es una actuación. O estar en un velorio y reírnos porque la presencia de alguien nos hizo recordar un chiste. En otras palabras, aunque muchas veces la mente no discrimina si lo que estamos pensando es apropiado, real, o ficticio, su influencia sobre nuestro estado de ánimo es muy real, como lo pueden atestiguar muchas personas celosas o impulsivas (que luego de reaccionar se dan cuenta de que no había razón para  actuar de esa manera).

La mayoría de los procesos mentales son autónomos, es decir, tienen vida propia; por lo general llegan sin ser invitados  y se van  sin esperar una despedida. En el transcurso de un cuarto de hora, digamos manejando de nuestra casa al trabajo, podemos pasar de la pena de ver a un niño mendigo a la furia provocada por alguien que nos atravesó su vehículo, a la alegría de saludar a un buen amigo, a la frustración de no encontrar parqueo (y tal vez diez reacciones más), todo esto sin proponérnoslo y sin que podamos evitarlo, y nos ha pasado a todos. ¿Somos, entonces, esclavos de nuestra mente y de cómo ella interpreta la vida que nos rodea?

Existe alguna forma de controlar su influencia  sobre nuestro estado de ánimo (que al fin y al cabo es lo que va a determinar cómo vamos a actuar y reaccionar a la hora de la hora).

Control mental
Si desarrollamos control sobre las ideas que llegan a nuestra mente, rechazando las perjudiciales, favoreciendo las positivas  y convenciéndonos de que nuestra mente fue creada para permitirnos vivir mejor que las otras especies con las que compartimos el planeta, por supuesto, que lo lograremos, como lo han logrado todas las personas superadas. Ciertamente podemos canalizar el poder de nuestra mente para permitirnos alcanzar un mejor nivel de funcionamiento en nuestra vida mediante la creatividad, el sentido común, la imaginación, la introspección, lo que llamamos inteligencia emocional.

La herramienta necesaria para lograrlo es la voluntad, la determinación de mantenernos en un rumbo determinado hasta llegar a nuestro objetivo, a corto o largo plazo, enfrentando y venciendo obstáculos, obteniendo estímulos de cada pequeño triunfo y acumulando motivación para sentirnos superiores a cualquier impedimento que encontremos en el camino. El control mental reside en la fuerza de la voluntad, soporte central de la actitud positiva hacia la vida.


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