Las lluvias trajeron las inundaciones, y ahora estas atraen enfermedades. La que más sufre es la población con menores ingresos, porque no son enfermedades incurables –salvo excepciones– pero sí exigen atención oportuna. De lo contrario, el paciente estaría en riesgo. Así que los hospitales y centros de salud gratuitos trabajan en estos días al máximo de su capacidad, sobrepasados por la demanda de atención médica y remedios.
Continúa así la cadena de las imprevisiones. Si no se hizo lo suficiente para prevenir que las fuertes lluvias no afecten el transporte y la producción, menos aún se lo ha hecho para preparar la infraestructura de Salud.
¿Que esto es culpa de sucesivos gobiernos? Por supuesto. La responsabilidad no es de uno sino de varios mandatarios. Lo sabemos porque los medios de comunicación lo venimos denunciando desde hace décadas, y en cada oportunidad los gobernantes se lavaron las manos culpando a sus predecesores.