jueves 05 marzo Columnistas

Editorial New York Times

El derecho de los carteles de drogas a portar armas

EE. UU. |

El  New York Times  dijo lo siguiente en uno de sus editoriales del viernes 27 de febrero:

La hipocresía se vuelve demasiado truculenta: El Departamento de Justicia declaró a los carteles mexicanos de las drogas como "una amenaza para la seguridad nacional" esta semana, incluso al tiempo que corredores estadounidenses de armas a lo largo de la frontera estaban atareados armando a las asesinas pandillas de los carteles. México se queja de que los corredores de armas estadounidenses suministraron la mayoría de las 20.000 armas decomisadas el año pasado en guerras en contra de las drogas, en las cuales 6.000 mexicanos murieron.

Un vasto bazar de armas florece a lo largo de los cuatro estados fronterizos, facultados por desde  porosas a inexistentes leyes estadounidenses sobre armas de fuego. Compradores prestanombres pueden adquirir tres o cuatro rifles de alto poder para la guerra en una de las 6.600 armerías que hay en la frontera, para entregárselas después a contrabandistas. Ellos, a su vez, regresan con facilidad a territorio mexicano, donde las leyes sobre armas son mucho menos permisivas.

Los corredores con licencia reclutan rutinariamente a compradores con antecedentes penales limpios para que frustren débiles leyes y alimenten el letal conducto,  basados en datos de un informe por parte de James C. McKinley Jr., publicado en el  Times.  Los incontables “entusiastas de las armas” sin licencia que son libres de vender rifles para el campo de batalla en ferias o espectáculos de fin de semana, gracias a leyes plagadas de huecos, son una segunda fuente.

El gobierno federal tiene autorización para seguir solamente el rastro de armas usadas en crímenes y no tiene idea de la magnitud plena del tráfico fronterizo, que representa nueve de cada 10 armas recuperadas.

Un corredor de armas registrado explotó la falta de controles federales al mudar su tienda de California, donde las leyes eran más severas, a la tolerante frontera de Arizona. Lo acusan de haber vendido cientos de rifles AK-47 a los carteles antes de ser detenido finalmente, en una redada encabezada por agentes encubiertos. Él es una excepción, más bien. En el mejor de los casos, 200 agentes trabajan a lo largo de la extensión fronteriza donde traficantes de armas operan como un “desfile de hormigas”, en las palabras de un frustrado fiscal.

Debería sentirse una enorme vergüenza de este lado de la frontera en el sentido que la adicción de Estados Unidos a las drogas es apuntalada por los irresponsables controles de armas. Se necesitan con urgencia firmes leyes federales, si es que los homicidas carteles van a ser desafiados seriamente como una amenaza a la seguridad nacional.

© The New York Times News Service.

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