Nadie sabe cuánto le durará el dinero a Rafael Correa antes de que sintamos los primeros remezones por la crisis, pero a veces pareciera que las sobras ya son escuálidas. A estas alturas debemos estar rascando el cocolón. De otro modo no se entiende la actitud hostil del Che Correa hacia los jubilados, uno de los sectores más apreciados por la sociedad. El pueblo tiende a solidarizarse con sus causas, casi siempre muy justas. Meterse con los jubilados es jugar con las encuestas electorales.
Correa lo sabe, así que yo saco la conclusión de que los aprietos financieros deben ser mayúsculos para que la Revolución Ciudadana haya decidido financiar el déficit metiéndole la mano en el bolsillo a los de abajo, vieja receta del FMI que algunos gobernantes pusieron de moda durante la larga noche neoliberal.
Usted es un hombre joven pero muy metódico. Acaba de conseguir su primer empleo. Ya lo afiliaron al IESS. Se quiere casar. Así que planifica su vida. “Gano tanto, gasto tanto; con ella voy a gastar más, pero también voy a progresar; así que para cuando me jubile recibiré una pensión de más o menos tanto, pero como estaré joven conseguiré otro empleo y viviremos felices comiendo codornices”.
Pasan los años y todos los sueños de ese jovencito que era usted se cumplieron. Ahora se acaba de jubilar, y espera contar con ese dinerito todos los meses. Pero no le alcanzará, como usted previó desde el inicio, así que ahora anda con solicitudes de empleo bajo el brazo.
Entonces aparece Correa y lo amenaza con quitarle su dinero, la plata que usted ahorró durante medio siglo sacándose la madre, mientras otros se atragantaban con langostas robadas de las arcas del Estado.
De eso se trata la propuesta de Correa, de que el IESS le robe el dinero a la gente. Nada más.
“Oiga, Palacio, déjese de hinchar, que entonces el señor no trabaje y seguirá recibiendo su dinero”.
El país necesita gente joven, sin duda. Una nueva generación de mujeres debe tomar las riendas del país. Tú debes ser parte de ese proyecto. Pero mañana o pasado mañana te habrán caído los años encima. Seguirás siendo una mujer vital, y querrás mejorar la poca herencia material que les dejarás a tus hijos. Serás dueña, además, de un tesoro: tu experiencia, y querrás compartirla con otros.
Pero Rafico de eso no entiende. Su propuesta no solo es negarle a un grupo de ciudadanos el derecho a trabajar, sino de negarle a la economía ecuatoriana el aporte de esas personas que podrían ser muy valiosas.
A fines de noviembre del año pasado el Consejo Directivo del IESS recomendó elevarles las pensiones a los jubilados en 40 dólares mensuales más otros beneficios. Se lo comunicaron a la señora Ministra de Finanzas, que contestó nones. “Allí tienen 30, y sin beneficios; y al que no le guste, que le vaya bonito”.
Así que Ramiro González se tragó su propio informe y en febrero aprobó 30 dólares, ahorrándole al Gobierno 17 millones anuales y al IESS otros 26 millones.
¿Qué van a hacer con ese dinero, 43 millones en total cada año? Pues emplearlo para seguir cubriendo el déficit del Estado, como ya se hizo con los 1.200 millones de dólares en bonos del Estado que el IESS compró.
Porque de eso se trata la propuesta de Correa, de que los viejos se vayan a su casa a cuidar nietos aunque el dinero no les alcance. Eso se llama justicia social y eficiencia económica.
¿Que no puede ser? Pues ustedes se deben estar poniendo viejos e inútiles porque no entienden.