“Lo más destacado de los cubanos reposa en su solidaridad, su conversación amena y su capacidad para improvisar a pesar de las circunstancias”, señala este quiteño que compartió una semana con un centenar de poetas de distintas partes del mundo, con algunos de los cuales visitó sitios muy reconocidos por el turismo, como el exclusivo restaurante-bar La Floridita, distinguido por ser el lugar preferido de personajes como Ernest Hemingway; la catedral de la Virgen María de la Concepción Inmaculada, patrimonio de la Unesco ubicado en el sector antiguo de la ciudad, y el malecón, lugar de esparcimiento de quienes gustan de respirar la brisa, conversar con los amigos, relacionarse con los habitantes, concertar una cita de amor o simplemente “gozando la papeleta”, es decir, disfrutando el momento, según el poeta escuchó a los cubanos.
Pero Cristian también aprovechó para profundizar en zonas poco accesibles para el turismo, como el cementerio y los barrios tradicionales. “Los cubanos venden su mejor café, los mejores habanos y el mejor ron en los locales a los que no accede el turista. Son sitios sencillos pero donde se disfruta del verdadero ambiente de la isla”, indica este galardonado escritor que compartió con los poetas invitados y los anfitriones noches de tertulia y guitarra en las que cantó temas como Sombras y Nuestro juramento. “Me sorprendió que todos se las sabían, sin importar de qué país eran”, indica Cristian, quien también se sintió en casa cuando recibió la visita de cinco jóvenes ecuatorianos que estudiaban medicina en la Escuela Latinoamericana de Medicina.
“Llegaron al parque Simón Bolívar porque habían visto en la prensa que dos poetas ecuatorianos (también asistió el poeta quichua Ariruma Kowii) leerían sus versos. Luego nos invitaron a conocer su universidad, donde estudian medicina cerca de 200 ecuatorianos”, recuerda Cristian con satisfacción sobre ese viaje que ahora espera repetir en mayo próximo.