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| Atrapados |
Texto: Katherine Villavicencio
Las redes sociales por internet nos mantienen conectados al mundo y con todo el mundo. Su éxito obedece a la necesidad propia de relacionarnos.
Que lance la primera piedra quien no se ha visto tentado a abrir una página pública, a crear una cuenta y a pasar horas revisando las actualizaciones de sus amigos, subiendo la foto de la última farra, viendo los comentarios en el muro o las nuevas invitaciones para sumar más gente conocida a su red.
Es más que un boom de temporada; es parte del actual entorno adolescente, joven y adulto. Integrar redes sociales se ha convertido en una especie de herramienta de consumo masivo, como el teléfono celular, el internet y las computadoras personales.
Para muestra un botón: www.facebook.com, una página web creada hace cinco años que hoy es el referente de las redes sociales que utilizan 150 millones de usuarios en todo el mundo.
La idea fue de Mark Zuckerberg, un alumno de Harvard que creó una página web en la que los estudiantes podían conocer gente, comunicarse y compartir intereses comunes. Ahora no solo estudiantes de esa universidad sino de colegios y universidades del mundo entero, jóvenes y adultos, amigos, amigos de amigos, conocidos, vecinos, referidos y familiares son parte de esta cuenta.
¿Una forma de entablar amistad o de interactuar socialmente? El sociólogo Carlos Tutivén dice que tiene un poco de ambas porque responde a una mezcla de impulsos arcaicos del ser humano de generar vínculos y relacionarse, pero en un formato posmoderno. Se mantiene el vínculo amistoso sin perder la libertad individual.
Jaqueline, una estudiante de 23 años, asegura que es una manera de estar en contacto con amigos y familiares que viven en el exterior, por eso lo mantiene actualizado con fotos de las reuniones familiares o salidas con su grupo más íntimo de amigos.
Con ella coincide Paola, odontóloga de 25. “Me gusta porque puedo ver en fotos y videos a mis amigos, se puede presenciar una reunión aunque no hayas estado o ver qué hacen los que están fuera del país”. Además, esa opción de intercambiar comentarios y mantenerse en una conversación on-line permanente entusiasma incluso a los más retraídos socialmente.
Hay también quienes lo usan para relacionarse con sus amigos que viven en el mismo país pero que no pueden ver a diario por el trabajo o las ocupaciones familiares. Pablo, ingeniero de 27 años, asegura que con su perfil se “mantiene en línea y no está desconectado de la sociedad”.
La vida moderna, explica Tutivén, ha roto con los espacios tradicionales de reunión para la familia y los amigos. No queda mucho tiempo para compartir y esa necesidad de relacionarse ha venido a ser cubierta por las nuevas tecnologías. “Se satisface si se puede decir estando conectados”.
Pero establece diferencias. En la conexión tecnológica no existe el vínculo tradicional que requiere de compromisos. Es algo más light, tanto que si algo no te gustó sabes que puedes aplastar delete y borrar no solo el comentario sino a ese amigo de tu red.
La popularidad El Facebook y otras páginas públicas como Hi5 o MySpace permiten una interacción on line: es posible intercambiar fotos, publicar cómo está de ánimo; sus preferencias musicales, literarias, sexuales; saber si está en pareja o no, en una relación complicada o no; etiquetar a quienes aparecen con usted en la foto; unirse al grupo de fans de determinado actor o cantante o ser fanático de costumbres tan cotidianas como comer camarón y disfrutar de dormir cinco minutos más.
Es una manera de hacer tu vida pública. Antonio, médico de 27 años, lo reconoce así. Dice que lo negativo de las páginas públicas es que das espacio para que la gente hable de ti, invente chismes o saque conclusiones a partir de fotos y comentarios. “Y eso sí molesta porque estás en la comidilla”, dice él.
Esa fue una de las razones por las que Carlos, estudiante de 20 años, cerró su página y decidió no volver a crear una cuenta. “Tuve Hi5 también, pero la verdad servía más para el chisme que para otra cosa, así que no tengo cuentas y estoy tranquilo”, indica.
Además, nunca faltaban las peleas de pareja por los comentarios de otros o las invitaciones de personas desconocidas.
Es la fascinación por hacer visibles mis gustos, mis preferencias, contar mi vida, aunque no siempre se sabe qué destino va a tener porque las ve todo el mundo, asegura el sociólogo.
Antonio y Javier, ingenieros de 26 años, aseveran que por ello solo aceptan las solicitudes de amigos o conocidos, no de extraños.
Sin embargo, es inevitable que la lista de amigos siempre supere las cien y consten conocidos de otros amigos a los que probablemente vimos un par de veces o los que te presentaron en alguna ocasión en un bar. “Forma parte de lo que se llama sociedad líquida y esa especie de popularidad entre comillas de exhibir de 250 o 300 contactos, pero más parte de la cultura de la imagen porque nadie tiene más de dos amigos en la realidad”.
Hoy cada usuario de Facebook tiene un promedio de 120 amigos, cada día 15 millones de personas actualizan su estatus al menos en una ocasión y más de 850 millones de fotografías se suben cada mes al sistema. Hay casos como el de Mónica, de 16 años, que cuenta con 352 amigos en su Facebook y más de 1.000 fotos suyas.
En su uso hay pros y contras, pero el hecho es que han facilitado para poner en debate causas sociales importantes, hacer reclamos y cadenas públicas. Tutivén recuerda que parte de la red de apoyo al actual presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se dio por páginas públicas. Recientemente en España se convocó a los migrantes residentes en Europa a un paro a través del Facebook.
El marketing se dio cuenta de la vitrina amplia de estas páginas y de la cantidad de usuarios atrapados en su uso. Por eso es frecuente ver junto a la ventanita de perfil de sus amigos anuncios de bares, almacenes y locales de servicios que, incluso, varían tanto como la foto de su perfil o su estado de ánimo.
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