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Edición del DOMINGO 22 de Febrero del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
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La variedad es la clave
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Efrén Aguirre y Carmen Maldonado son los propietarios y fundadores del almacén de artículos varios New York Discount. Estos esposos llevan 27 años ofreciendo ‘de todo un poco’ a sus clientes.

Los compradores  llegan y piden algún artículo, desde una copa para vino tinto hasta una bomba para agua, también puede ser una camisa a cuadros o una secadora para el cabello, cuadernos espirales, martillos, espátulas, ollas, relojes, mochilas, lápices, blusas, anillos, carteras, gorras o sombrillas para la temporada invernal... están en New York Discount.

Sus propietarios, Efrén Aguirre y su esposa, Carmen Maldonado, son lojanos pero se conocieron en Guayaquil. Él llegó junto con su familia después de terminar el colegio, se dedicó a vender revistas en las calles y poco a poco a comercializar más productos; ella llegó a la ciudad a los 12 años, al cuidado de su tía, terminó el bachillerato en un colegio nocturno y en el día trabajaba en una tienda.

Ambos sienten afinidad hacia el comercio, se casaron hace más de 35 años y levantaron juntos su empresa familiar.

Efrén se considera un emprendedor, recuerda que en 1955 empezó a tomar fotografías en las calles con las primeras cámaras en blanco y negro que existían en el mercado, luego la competencia aumentó e incluso comenta que había personas que engañaban a los clientes. “Algunos tomaban fotos con una radio, como la gente no sabía se dejaban engañar y el negocio se dañó”, añade.

Él  ideó otra manera de ganar clientes. Creó pequeñas hojas en las que avisaba que al siguiente día se tomarían fotografías gratis y las repartía en pueblos cercanos a la ciudad. Cumplía la promesa y en esos lugares las familias esperaban ansiosas y con sus mejores trajes para el retrato. Efrén tomaba la foto y la imprimía a tamaño carné, el negocio empezaba al ofrecer una ampliación o copia, por supuesto poniéndole un valor.

Tiempo después colocó un estudio fotográfico en el sur de Guayaquil, donde contaba con quince profesionales que trabajaban en diferentes puntos de la ciudad y otras provincias cercanas.

Después de quince años, confiado en su talento y capacidad,  dice haberse  decidido a  aventurarse  a viajar a Estados Unidos en busca de prosperidad. Se fue solo pero a los pocos meses lo siguieron  su esposa y su primera hija. En Manhattan,  Nueva York, alquilaron un local llamado también New York Discount, al principio destinado a la venta de repuestos para cámaras fotográficas, luego a la reparación de las mismas y con el tiempo en una tienda variada en productos.

Por 16 años lo mantuvieron, incrementando productos al mismo tiempo que su familia crecía, hoy tienen cuatro hijos y ocho nietos.

“Siempre queda ese bicho de regresar al país donde uno nació”, dice Efrén. Así en 1982 llegaron al país, compraron el local 63 del centro comercial Albán Borja, que apenas terminaba de construirse, y retomaron el nombre de su antiguo negocio. “Fuimos los primeros, la gente decía que estaba muy lejos, porque en ese entonces Guayaquil era chiquito, que los clientes no llegarían, pero sí lo hicieron y muy rápido”, añade.

Su estrategia para tener tal variedad de productos es simple. Son ellos quienes atienden el negocio y siempre están atentos con un cuaderno y un bolígrafo cerca. “Cuando un cliente llega y pide algo siempre me gusta decirle que sí hay, cuando eso no sucede yo anoto en mi cuaderno lo que pidió para conseguirlo”, cuenta Carmen.

New York Discount ocupa tres locales del centro comercial Albán Borja y desde el 2004 abrieron otro almacén en el centro comercial California, en la vía a Daule.

La variedad en ambos es evidente: juguetes para niños, botones, hilos, encajes, lámparas, cascos para motocicletas, zapatos, artículos para el baño, tinta para impresoras, bisutería, cosméticos... Ellos se apenan cuando otro local cierra sus puertas, se consideran optimistas y  ante la crisis no se alteran.

“Para todos hay”, dice Carmen, y cuenta que aunque hoy ha disminuido el flujo de personas que visitan el centro comercial sus clientes se mantienen, porque encontrar artículos para todas las edades y las necesidades es algo que muchos buscan, asegura.

Ante la competencia tampoco se abruman. “Lo importante es tener un presupuesto claro y minimizar los gastos, fijarse en lo más mínimo para ahorrar”, afirma Carmen, quien cree que tratar con cariño a quienes visiten los almacenes es primordial.

Los comerciantes vecinos los reconocen, los saludan al pasar, los clientes se asombran si escuchan un ‘no tenemos’. Ellos aseguran que controlar los gastos en momentos de ventas bajas es un factor que los ha mantenido estables. Con el paso del tiempo han tenido que incrementar alarmas a los productos.

De lunes a domingo, diez horas diarias y más de 20 empleados en ambas tiendas, es un sacrificio que consideran reconfortante, pues su negocio les ha permitido proveerles educación a sus hijos y demostrar que con perseverancia los negocios tienen éxito. (G.J.)

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