Y muchas veces juegan un rol igual de importante de quien dirige esta máquina fílmica llamada Slumdog Millionaire.
Esta conclusión es el resultado de una conversación telefónica mantenida con Chris Dickens, editor nominado a los premios Oscar, por su trabajo en la mencionada cinta. Como lo confiesa el mismo Dickens, el éxito de su trabajo y el del director se debe a que cruzaron caminos unificados desde el inicio del rodaje, lo cual los ayudó a inspirarse uno del otro de manera constante. “Danny Boyle me veía mientras hacía mi trabajo y lográbamos una retroalimentación mutua. Boyle nunca me decía cómo quería los cortes, simplemente me decía: ‘Haz lo que sientas que está bien’... Boyle es un hombre de ideas y experimenta con ellas”.
Grabar en demasía conlleva a un mayor trabajo en la sala de edición y en el caso de Slumdog Millionaire significó un arduo esfuerzo para disminuir la duración total de la cinta. “El primer corte resultó muy largo. El guión de por sí era largo y se filmaron muchas escenas en la India... Reduciéndola a dos horas ganamos rapidez... Bajamos el tiempo, sin perder el desarrollo correcto de la historia”.
Al editar la cinta, el trabajo de Dickens no resultó tan distante debido a su familiaridad con el tema y el entendimiento de la visión del director. El mismo editor pasó mucho tiempo en la India, acompañando a Boyle mientras paseaba por sus barrios marginales en busca de inspiración: “...Hubo mucha investigación técnica realizada antes de empezar a filmar. No queríamos que la gente se diera cuenta de que estábamos filmando. Esto atrae mucho la atención. Boyle quería más realismo y no deseaba que nadie lo viera con una cámara”.
Como lo explica Dickens, se utilizaron hasta tres formatos distintos de cámaras, lo que le brinda a la cinta ese aspecto irregular en sus imágenes, sin caer en una incongruencia visual. “La verdad es que fueron tres formatos diferentes... Mientras avanzaba el rodaje, el tiempo apremiaba y empezaron a traer más cámaras para terminar muchas de las escenas... El reto era hacer que las filmaciones pudieran encajar y así adaptarlas a los distintos formatos”.
Al final de nuestra conversación, Dickens se muestra encantado con la India y la considera como un lugar que guardará siempre en su corazón. Esto quizá es algo con lo que los espectadores salen del cine al ver Slumdog Millionaire. Terminado el viaje, la fantasía va quedando atrás y una historia que jamás había sido imaginada permanece en nuestras mentes como un vívido y palpitante recuerdo.
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