Aconsejé al dueño del lugar poner un letrero luminoso, algún distintivo. Pero Zhu Qing Cun (Michael Zhu), como lo anuncia la tarjeta del gerente, es sinónimo de la tradicional discreción china.
Este restaurante se encontraba en la ciudadela Alborada y goza de excelente fama. Ahora se ha renovado por completo. Dos salas acogen a los visitantes, pero existen además salones con capacidad para trece personas (es absurdo considerar aquel número como mal presagio bajo el pretexto de que hubo trece personas en la Última Cena. Para muchas civilizaciones es de buen augurio. Asimismo, los chinos otorgan al número seis cualidades positivas mientras otros lo asocian con el número de la bestia).
Al Queen’s Dim Sim llegan muchos chinos, lo que constituye un punto a favor. Tanto Zhu Qing Cun como Virginia –una señora china de extrema amabilidad– son expertos en preparar los más sutiles platos. Para Epicuro, es un placer renovado probar las especialidades del lugar. El jueves pasado estacioné mi vehículo frente al restaurante (hay un guardián), pedí una cerveza bien fría, me preparé a saborear una sopa de wantanes mientras mi acompañante se solazaba con una de cangrejo.
Vamos por partes. Aquellas sopas dependen esencialmente de la calidad y frescura de los ingredientes: buena legumbre, caldo concentrado de alto sabor, pasta de wantán delicada con excelente relleno. En el caso de la sopa de cangrejo, la consistencia ideal, ni demasiado espesa ni demasiado clara, con énfasis en el gusto del crustáceo, un toquecillo de jengibre. Zhu Qing Cun es un maestro: las sopas son irreprochables, no creo que se pueda superar la delicadeza de los caldos.
El cocolón frito es hallazgo feliz. Se cuece el arroz, se lo fríe. Adquiere una insólita textura que recuerda la de los cueritos reventados. Servido muy copiosamente se deja comer como abreboca. Recomiendo de igual manera el pollo en salsa de tamarindo, aunque esta vez me dejé tentar por la salsa de ostiones (extracto de ostras con algo de maicena, glutamato monosódico, azúcar y sal, caramelo para el color) Epicuro siempre tiene en casa una botellita porque se presta para saltar un lomo, un pescado, trocitos de pollo. Desde luego, no puede faltar legumbre esencial. Los chinos, como los ecuatorianos, han devuelto al nabo su importancia.
El dim sum es mi debilidad: son aquellos bollos al vapor que pueden rellenarse con pescado, camarones, carne de cerdo, res, pollo. Resulta más sabroso consumirlos usando palillos. La salsa ideal es de soya con tiritas de jengibre marinado. Cuidado que la salsa de color encendido no es agridulce sino picante con retrogusto de ajo, deliciosa en todo caso.
Creo que un menú equilibrado puede contemplar un tazón de sopa, bocados, plato fuerte. La carta es extensa: provoca volver para experimentar. Me quedé con ganas de pedir patas de aves rellenas. Pueden beber té, alcanzar un postrecito caliente de yema con leche en una tartaleta. Lamento que los chinos no sirvan un expreso bien cargado.
Por primera vez, Epicuro tuvo problemas para pagar su cuenta, y a pesar de mis múltiples estratagemas como, por ejemplo, dejar los treinta dólares en un macetero, Zhu Qing Cun me ganó en velocidad y en astucia. Creo, definitivamente, que el Queen’s Dim Sim con sus mantelitos rosados y la calidad de sus platos merece unas visitas. El teléfono es el 229-6297.