Viernes 20 febrero País

Testimonios: Víctimas del invierno

Esmeraldas
Madre e hija   perdieron  el único capital de trabajo: 600 dólares
Victoria Basilio Mina, habitante de la parroquia Maldonado, no puede creer que el esfuerzo de muchos años de trabajo lo perdiera en unos minutos.

Victoria, una afroecuatoriana de 30 años de edad, con preocupación, aunque sin perder la sonrisa de los labios, cita un refrán, pero amoldado a su realidad: “No puedo decir lo que el viento se llevó, hay que decir lo que el agua se llevó”.

Ella, junto a su madre, Edelina Torres, lograron a base de esfuerzo recaudar un capital que para ellos es mucho dinero: 600 dólares. Con esa plata compraron productos de primera necesidad e instalaron una tienda con la cual se mantenían y era el único ingreso.

La familia, además, se dedicaba a criar gallinas en el patio de la casa, pero todo lo perdieron. El desbordamiento del río Santiago no les dio tiempo a sacar ninguna pertenencia y ahora están desamparadas y claman por ayuda.

Imbabura
Afectada de Ibarra espera que el Gobierno la ayude con comida
Marlene Arce, una de las personas que vio afectada su vivienda por el deslave del pasado lunes en el sector de Rocafuerte, en la vía Ibarra-San Lorenzo, vive momentos críticos.

Pese a que sus vecinos y su madre la han ayudado  a desalojar el lodo y las piedras que ingresaron a una parte de su casa, la mujer se siente impotente.

Al dolor por la tragedia se suma la ausencia de su esposo, quien falleció hace dos meses. Sus cuatro hijos son su único consuelo. “Vivo un gran dolor, se nos perdieron varias cositas a mí y a mis hijos. Esta desgracia nos tiene desesperados”.

Arce espera que en estos días llegue ayuda de algún organismo gubernamental, especialmente con vituallas y comida.

En el recinto y en otros lugares aledaños al sector de Rocafuerte, los sistemas de energía eléctrica y de agua potable están inhabilitados. “Ahora queremos ver la verdadera ayuda del Gobierno”, sentencia.

Los Ríos
Temor por vivir en medio de tres ríos que se desbordan
Margarita Mora confiesa que cada invierno vive aterrada. En su casa, ubicada en el sector de Barreiro Nuevo, en la confluencia de los ríos San Pablo, Clementina y Caracol, casi todos los inviernos el agua ingresa a su vivienda.

Sentada en el portal de su vivienda de caña junto a sus dos hijos, la mujer recordó que el año pasado permanecieron casi dos meses con el agua dentro de la casa, porque no tenía otro sitio donde ir.

Ahora teme que los débiles puntales de caña no resistan la corriente. Aunque mantiene esperanzas que los trabajos que va a realizar en la casa su esposo, José Soto, impidan que la vivienda se le desplome.

Margarita y su marido son agricultores, pero con las lluvias la cosecha se arruinó y confiesa que buscan cualquier actividad para ganarse la vida.

“Lo mío es la agricultura, pero ante esta desgracia tengo que buscar como sobrevivir”, dijo.


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