Samborondón y pelucones

Parece que no conoce la realidad del país. Llama como burla y desprecio  “pelucones”  a todos los que viven en Samborondón.

Pero no sabe que en Samborondón no todos son “pelucones” de cuna; un sector exclusivo lo será, pero en su gran mayoría en el pueblo en sí, la gente es sencilla, humilde; y antes de llegar a él, o sea en cierta zona donde se ha expandido una serie de edificios, casas  y más conjuntos residenciales rodeados por cercas con garitas, guardianes, y hasta con tarjetas electrónicas de ingreso; no viven “pelucones” reales sino gente de clase media y mediano baja, que a base de su trabajo y a las distintas promociones habitacionales que ofertan constructoras según nuestros bolsillos, muchos “de barrio”, hemos ido a parar por allá.

Gente sencilla que nacimos y por años vivimos en la Portete, o Ayacucho, o La Chala..., o Martha de Roldós, o en el cantón Durán...; que vendimos o que dejamos de alquilar. Pero lo cierto es que reunimos para la entrada,  y otros, hasta con la ayuda económica de familiares migrantes. Pero nos enganchamos con una casa “amurallada” para vivir entre jardines con un poco de tranquilidad,  sobre todo seguridad, que no la tenemos en nuestros antiguos vecindarios tomados hoy por la delincuencia.

Si quiere ofender a la clase alta rica diciéndole “pelucona”  también ofende a la clase popular que dice amar y defender, por el solo hecho de habernos esforzado trabajando para llegar a vivir con nuestras parejas, hijos, en un sitio fuera de Guayaquil, donde se cuenta con vigilancia y guardianía. ¿Es acaso esto un pecado  o motivo para ser vejados?

Mariana de Tinoco,
Samborondón