Estados Unidos acusó ayer al multimillonario texano Allen Stanford y a tres de sus compañías de cometer un “fraude masivo”, al tiempo que agentes federales ingresaron en las oficinas del grupo en Houston.
La Comisión de Valores de EE.UU. (SEC, por su sigla en inglés) acusó al magnate de 58 años y a dos ejecutivos de Stanford Financial Group de vender fraudulentamente $ 8.000 millones en certificados en un esquema que involucraba operaciones desde Texas a Antigua.
“Estamos denunciando un fraude de magnitudes impactantes que ha extendido sus tentáculos alrededor del mundo”, dijo Rose Romerio, director de la SEC en Texas.
Las tenencias de Stanford en bienes inmuebles y vínculos con celebridades inmediatamente trajeron a la memoria el fraude de hasta 50.000 millones de dólares del que se acusa a Bernard Madoff, reconocido financista de Wall Street.
Stanford ha negado cometer algún delito y el año pasado la revista Forbes calculó su fortuna en 2.200 millones de dólares.
Según la demanda de la SEC, Stanford vendió los certificados de depósitos “prometiendo altos retornos que excedían las tasas disponibles a través de certificados reales ofrecidos por bancos tradicionales”.
Stanford International Bank (SIB) tiene 30.000 clientes en 131 países y administra activos por $ 8.500 millones, una buena parte de los $ 50.000 millones que tiene el grupo.
La agencia detalló varios argumentos falsos, “tal vez el más alarmante es que SIB estaba expuesto a las pérdidas por el esquema de fraude de Madoff, a pesar de que el banco afirmó públicamente lo contrario”.