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Niñeras ¿Cuidadoras o madres sustitutas?
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La inserción laboral   de la mujer la ha llevado a buscar ayuda para el cuidado de su bebé, pero sepa hasta qué punto es conveniente si el hijo empieza a extrañar más a la niñera que a la mamá.

Se han vuelto casi indispensables en algunos hogares de la sociedad moderna. El padre trabaja, la madre está cada vez más inmersa en el mundo profesional y los niños necesitan cuidado casa adentro. Entonces las niñeras vinieron a ayudar en una tarea que antes era exclusiva de la mamá, la abuela o algún familiar.

Los tiempos son diferentes, indica el psicólogo clínico y orientador Samuel Merlano, y no solo es que la mujer cumple cada vez más retos en el ámbito laboral sino que las costumbres de antaño para llevar a la familia también cambiaron. Ahora quien dirige el núcleo familiar está afuera, medio o tiempo completo, y se ve en la obligación de contratar a una niñera.

Fue lo que hizo Mónica, una madre de tres hijos que desde siempre debió trabajar para ayudar a la manutención de la familia. “Realmente sin ayuda no hubiera podido laborar”, recuerda ella. Pero también lamenta  que por cumplir jornadas extenuantes de trabajo sus hijos pasaban más tiempo con la niñera que con ella. Un día sintió que su rol estaba siendo desplazado: la niñera se fue y su hijo se enfermó. No quería comer y llegó incluso a orinarse en la cama.

Merlano explica que cuando los niños son pequeños y reciben el calor de la madre a través de la alimentación, el seno, el cuidado esencial, se genera una comunicación profunda. Pero ahora parte de esta conexión se ha visto alterada porque el niño asume el cuidado de otra persona.

“Hay niñeras que consciente e inconscientemente transmiten ese cariño, cuidado, atención al niño en proceso de desarrollo. Y de ahí sucede este fenómeno cuando la mujer o la mamá pierde el espacio porque no participa en las cosas cotidianas del niño”, indica él.

A Mercedes, mamá de tres hijos, le pasó con su primera hija, ahora de 19 años. Aunque ella quedaba al cuidado de su hermana y no de una niñera, esa vinculación estrecha se perdió en parte porque era ella quien la llevaba a la escuela, le daba de comer y la atendía.

El apego de la niña hacia su tía es tal hasta ahora que a la primera discusión que tuvo con sus padres salió corriendo a la casa de ella. Por eso, dice Mercedes, es básico asumir y cumplir el papel de madre cuando se vuelve del trabajo.

Lupe, madre de una hija de 8 años, asegura que no hay otra forma de continuar el trabajo profesional si no se tiene la ayuda de una niñera, pero que también hay que poner límites. Decidir qué actividad encomendar a la niñera y cuáles la madre: “Mi niñera es puertas adentro y ayuda a que la niña haga las tareas, pero soy yo o el papá quienes las revisamos que estén bien y le explicamos algo que no haya entendido”.

Y eso sí, si se trata de salir a pasear o distraerse los fines de semana, dice ella, se lo hace religiosamente en familia, sin la niñera. Sin embargo, la tarea de algunas niñeras no termina cuando la madre está presente y es frecuente  verlas tras ellas, con los niños en coches o en brazos, en comisariatos, centros comerciales, zonas de juego, restaurantes, cines.

Se delega a esa tercera persona el cuidado aun cuando andan juntos. Y ello es uno de los factores que incide en que ese papel de madre pueda traspasarse a la niñera, sin necesidad y sin intención. “En el plano de la salud emocional madre-hijo es recomendable que no se caiga en el extremo o abuso en el cual descansa todo el cuidado a la niñera hasta llevarlo al parque”, señala el especialista.

Mariana, mamá primeriza de una niña de 6 meses, debió contratar una niñera cuando le tocó regresar a su trabajo, pero aclara que aunque es de confianza su labor se cumple solo hasta las 16:00, cuando vuelve a casa. De ahí en adelante la responsabilidad es suya. “La baño, la cambio, le doy de comer, sigo pasando las malas noches y los fines de semana se los pasa conmigo”, señala. Aun así es inevitable que haya días en que la bebé sienta más apego y se lance a los brazos de los familiares que pasan parte del día con ella.

Para la niñera es un trabajo, pero también puede desarrollar una sintonía con el niño al  punto de que se encariña y asuma indirectamente el papel de mamá. Por eso Merlano advierte: “Como los adultos, los niños también necesitan alimentación emocional”.   Así que cuando la mamá participa en su proceso de desarrollo, no solo que va  a tener impresiones mentales de lo que su madre ha transmitido hacia él sino  que se forma una relación sana en la que logra diferenciar quién le transmite afecto materno y quién lo cuida.


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