La Revista - Logo
Edición del DOMINGO 15 de Febrero del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
::::::::: M E N Ú ::::::::::
    Portada
    Moda
    Piqueo de la semana
    Consultorio
    Dr. Tecno
    Lo Nuevo
    Columnistas
    Gente de cine
    Cuerpo y Alma
    Destino
    Guia
    Gastronomía
    Construcción
    Orientación
    Decoración
    Urbanismo
    Libros
    De Cine y Del Resto
    Salud
    Cocina de Patricia
Columnistas 
Creciendo Con Nuestros Hijos
Rechazo entre preadolescentes y sus hermanos menores
Imprimir esta noticia Enviar noticia por e-mail
Ángela Marulanda | www.angelamarulanda.com

PREGUNTA: Tengo un hijo de 12 años que hasta hace unos pocos meses era un niño muy querido con sus hermanas menores, pero ahora parece que las odia y las molesta e insulta  cada vez que puede.

¿Qué podemos hacer para que sea más amable con ellas?

ÁNGELA: Es normal que los hermanos se peleen, que discutan, que se insulten y que se detesten en un momento dado. Y también que poco después se amen. Por terribles que sean las peleas, con algunas excepciones, rara vez son situaciones de rechazo u odio definitivo.

Muchos papás tienen la esperanza de que entre más grandecitos sean los hijos menos se peleen, y por lo mismo esperan que los conflictos con sus hermanos disminuyan a la medida que los mayores van creciendo.  Pero la realidad es todo lo contrario, y desde que los hijos comienzan la preadolescencia, el antagonismo hacia los hermanitos, lejos de disminuir, aumenta.

Por una parte, como los preadolescentes comienzan a buscar una identidad propia, quieren sentirse diferentes a sus hermanos y que se les reconozca y valore como personas más grandes. Por eso empiezan a  establecer cierta distancia entre él o ella y quienes le siguen en la familia, cosa que molesta tanto a sus hermanitos como a sus padres, quienes tratan de forzarlo a continuar compartiendo todo fraternalmente.

Por otra, el trato de igualdad con sus hermanos que suele recibir el preadolescente de sus padres y el sentirse forzado a aceptar a sus hermanitos en su habitación y en sus actividades (cosa que antes no les molestaba) le producen mucha ira, que expresa en forma de agresividad hacia ellos.

Además, el malestar y la ansiedad producto de todos los cambios que están viviendo los jóvenes en esta primera etapa de la juventud se descarga sobre quienes son sus víctimas ideales:  sus hermanos menores.  De tal manera que no pierden oportunidad para mortificarlos cada vez que tienen oportunidad de hacerlo.

Pero todo esto es parte de ser familia.  Lo mejor que pueden hacer los padres es apartar lo más posible a los pequeños de sus hermanos preadolescentes, así como  no forzar a estos últimos a ser amables con ellos, ni obligarlos a incluirlos en sus actividades.  Asimismo, en lo posible deben evitar involucrarse en los disgustos o peleas entre ellos y confiar en la capacidad de sus hijos para resolver sus conflictos,
Recordemos que, a pesar de las diferencias que puedan surgir entre los hermanos, lo maravilloso de esta relación fraternal es que, cuando se ha fomentado la unión de la familia, los conflictos vienen y van pero nunca los apartan en forma decisiva. Y aunque en la adolescencia los hermanos parecen ser un estorbo para quien transita el camino entre la niñez y la adultez, son también un apoyo y una fuente de solidaridad y de afecto importante para ambos.

www.angelamarulanda.com


© Derechos Reservados 2004 Compañía Anónima EL UNIVERSO. Todos los Derechos Reservados