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Edición del DOMINGO 15 de Febrero del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Big Mac no sabe de política
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Texto: Epicuro | epicuro@eluniverso.com

Los famosos arcos dorados se han vuelto también polémicos. Para unos se convierten en símbolos del capitalismo, hegemonía de multinacionales, para otros son muestra del libre mercado.

Se ha llegado a afirmar que los países donde hay McDonald’s no mantienen guerra (siendo la única y discutida excepción –pues la OTAN no es un país– el ataque de aquella organización a Yugoslavia). Consideremos más bien el dato como anecdótico.

El famoso Big Mac no sabe de política, se lo encuentra en países comunistas como China. Solo en España se venden más de veinte millones de aquel emparedado al año. La carne llega de la Unión Europea, el pan de Barcelona, la cebolla y la lechuga de Navarra, el queso cheddar y los pepinillos de Alemania.

El Big Mac existe desde hace cuarenta y dos años, ha sido criticado por muchos nutricionistas (se acuerdan de la película Super size me en la que el cineasta Morgan Spurlock se obligó a comer hamburguesas en desayuno, almuerzo y cena durante un mes. Aumentó en 30 días unas 24 libras, lo que demuestra que todo exceso es malo, pues cualquier persona que ingiera cinco mil calorías diarias obtendrá un resultado parecido).

Epicuro, aficionado al slow food y no partidario de la comida rápida, se embaúla de repente una hamburguesa con papas fritas, un perro caliente con una salchicha alemana. Respeta a quien gusta salir los fines de semana para dar gusto a la prole. Es obvio que la hamburguesa seguida de un helado con crema batida en tamaño familiar no es la mejor solución para mantener la silueta.

Voy al McCafé cuando tengo ganas de un capuchino o un mocca, una empanada de carne o de pollo pues no soy purista, tampoco condeno todo lo que no es comida gourmet o alimentación sana. Existen sabrosos pecados para el paladar. En semana, el McCafé es lugar ideal para tertulias porque es bastante tranquilo.

Disfruto del expresso con granos arábicos, el ristretto superconcentrado. Si quieren añadir crema batida, salsa de chocolate, cacao espolvoreado, chocolate rallado, allá ustedes. Si tuviésemos que privarnos de todo lo que  nos  engorda podríamos ingerir exclusivamente lo que comen los conejos. Por los cien mil demonios, la gente tiene que querernos  sin evaluar nuestro peso, condenar nuestra dieta. Rossini, Brahms y otros famosos tenían una barriga respetable. Cuando se me habla de quienes se hacen introducir un balón intragástrico, se someten a dietas infrahumanas, liposucciones de todo tipo, imagino que todo aquello es tortura innecesaria.

No vamos a recordar la frase de Wilde a propósito de las tentaciones. Hay tortas y cheesecakes capaces de desquiciar a cualquiera. No podemos amargar con nuestra personal filosofía el dulce placer de la repostería. Escrivá de Balaguer  nos amenaza en forma directa: “En la mesa no hables de la comida: esa es una ordinariez impropia de ti. Habla de algo noble, del alma, de Dios”. Pues frente a un plato bien logrado Epicuro necesita comentarlo, felicitar al chef, aunque a veces pueda decir “¡Dios mío, qué manjar más divino!”.

Seguiré en semana bebiendo mi expresso en el McCafé de la avenida Francisco de Orellana o de Los Ceibos. Lo que hace falta es  un buen desayuno con huevos al gusto, jamón, salchichitas blancas para freír, croissants con mantequilla, un vaso de jugo natural. Y desde luego una opción de frutas frescas para los vegetarianos.


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