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Edición del DOMINGO 8 de Febrero del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Anita Credidio, dar amor es su necesidad
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No es enfermera ni doctora pero cuida a 45 enfermos con el mal de Hansen (lepra). Es presidenta de la Fundación Padre Damián y hermana de la caridad.

Anita, de piel blanca, cabello canoso y baja estatura. Tiene 59 años y desborda energía, abraza, sonríe, aplaude, canta. Es el alma de la Fundación Padre Damián, que está al cuidado de 45 pacientes con el mal de Hansen (lepra).

Nació en Nueva York, se graduó de parvularia y trabajó en una guardería al cuidado de hijos de migrantes. Se integró a la comunidad religiosa Hermanas de la Caridad BVM, (Bienaventurada Virgen María), a los 31 años, cuando decidió dar su vida al servicio de  otros.

Llegó a Guayaquil invitada por la Fundación de la institución educativa Nuevo Mundo, que iniciaba un proyecto para impartir clases vespertinas a los niños de Durán.

Se enamoró del proyecto, pero años después dice haber empezado a sentir que Dios no la había traído a Ecuador para ser profesora. Con esta idea rondando en su memoria, llegó a una misa en la capilla del Hospital de Infectología. “Mis ojos se abrieron al ver a los enfermos. Yo no sabía que aún había personas con el mal de Hansen en el mundo. Ellos necesitaban tantas cosas, y supe que era ahí donde debía quedarme”, comenta.

No sabía nada de enfermería pero investigó y notó el estigma que tenía la enfermedad más conocida como lepra. “Me preguntaba por qué tantos pacientes eran abandonados por sus familias, y sentí que mi deber era luchar por sus derechos, por darles voz y voto”, cuenta con emoción.

Le pidió a su congregación que le permitiera ayudar también a los pacientes con mal de Hansen. Cada sábado asistía al Hospital para hacer con ellos manualidades y ayudarles a su motricidad. Desde ahí se ganó su confianza y el cariño que 21 años después permanece intacto e incluso es mayor en los internos.

Luego empezó a trabajar en las mañanas en la Fundación Nuevo Mundo como coordinadora de la materia de inglés y por las tardes con los enfermos, pero sintió que las necesidades de ellos requerían todo su tiempo. En diciembre de 1995 se inició la Fundación Padre Damián.

“No fue fácil, porque al principio solo ofrecí mi persona y mi comunidad, que paga mis gastos, pero cuando entré escuché las tantas necesidades y yo dije: ‘Dios mío, qué hago’, pero a través de los años he comprobado que Dios provee”. asegura.

Comenzó pidiendo ayuda a su comunidad y a empresas privadas. Consiguió vidrios, pintura, mallas metálicas, madera, y dinero con el cual adquiría enseres básicos para hacer de ese lugar un hogar digno. Cuenta que los mismos enfermos y familiares ayudaron en la adecuación del sitio, y eso la motivó.

Empezó con su lucha de darle voz y voto a los pacientes, de conversar y preguntar sobre sus necesidades para iniciar un diálogo continuo y mejorar la situación de todos.

“Hay que tocar y besar, que los pacientes se sientan queridos, porque todos somos familia”, dice esta hermana a quien Manuel Barén, un paciente que lleva tres años en la fundación, ve como una madre y de quien Alcides Franco, de 83 años y 6 en el lugar se enorgullece. “Ella siempre está pensando en nosotros, en qué nos hace falta. Todos la queremos muchísimo” dice.

Ella solo quiere transmitir amor incondicional, para que los enfermos vivan y mueran con dignidad, comenta. “Cuando llego yo abrazo y beso a todos, porque hay que tocar a estas personas, no rechazarlos y olvidarlos en un lugar desagradable. Le puede suceder a cualquiera de nosotros”, expresa.

Cree en el famoso dicho de “La unión hace la fuerza” y llama a todos quienes deseen ayudar a unirse y luchar juntos. A hacer las cosas por los demás y no solo pensar en sí mismo.

En julio cumplirá 60 años y no tiene intenciones de jubilarse. “Esto es mi vida, –dice– me retiraré cuando me muera o ya no tenga energías, y aún así ayudaré con mi oración”. (G.J.)

Fundación Padre Damián: 269-2778, 228-6649, 239-7316. Dirección:  Julián Coronel y Esmeraldas.

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