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Edición del DOMINGO 8 de Febrero del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Para nosotras, lo principal es el amor

Texto: Moisés Pinchevsky

Una relación depende de factores internos y externos a la pareja, pero quizás el más decisivo se encuentra dentro de nuestras propias decisiones y entrega.


Asunto de machos
Es un edificio con escaleras… No tiene ascensores. Subir escaleras requiere la decisión firme de trepar un peldaño a la vez, con energía pero sin apresuramientos ni brincos (por el riesgo a caer o al cansancio), con la mirada puesta en el objetivo (arriba) y repitiendo varias veces el esfuerzo de elevar una pierna a la vez.

Subir por elevador es distinto. Solo requiere el esfuerzo inicial de ingresar al aparato y apretar un botón. Allí nos dejamos llevar. Y si este se detiene por mal funcionamiento, ¡que nadie nos culpe! Somos inocentes (incluso víctimas), simples pasajeros del viaje.

Mantener una relación de pareja con compromisos mutuos sería como subir por un edificio con escaleras. En la planta baja permanecen las parejas que solo comparten por diversión, para ver qué pasa, si nos gusta, si estamos contentos, y resulta el mejor terreno para los hombres que se mantienen sumando nuevos amores y conquistas.

Los hombres inmaduros son amigos de quedarse en la planta baja, la cual el sacerdote español Juan Ignacio Varas bien podría llamar la zona del “yo”. Durante sus charlas de orientación en la Universidad Católica, él solía decir: Un hombre comprometido en la relación con una mujer, aunque sean solo enamorados, debe comenzar a olvidarse de su satisfacción individual para pensar en la satisfacción de ambos. Y esa satisfacción mutua debe llevarlos a crecer como seres humanos, para ser mejores personas, mejores profesionales, mejores estudiantes…

La meta es alejarse del “yo” y pensar en “nosotros”. Sin embargo, el interés por el bienestar propio es parte de nuestra naturaleza. Incluso la ciencia dice que hay un “gen de la infidelidad”. “Ahora es la mayor excusa de los hombres que fallan en el matrimonio”, indica la psicóloga Cecilia Chávez, quien agrega que el 80% de las parejas que atiende en consulta se relaciona con la infidelidad.

El adulterio es síntoma del “yo” egoísta. ¿Los hombres seremos más egoístas que las mujeres? Me viene la pregunta al recordar a David, un ingeniero comprometido que cada vez que se involucraba con otra mujer lo primero que hacía, según él, era decirle a su nueva conquista que era solo diversión, porque ya estaba “pedido en matrimonio”. Era su peculiar manera de “respetar” a su novia (ahora esposa).

Rumbo al “nosotros”
En el primer piso aún hay casos así, con hombres que junto con sus parejas emprendieron el ascenso por las escaleras (decidieron ser pareja estable, compartir, hablarse o verse todos los días), pero aún les cuesta renunciar a sus placeres individuales, incluso a situaciones sencillas como dedicarse a ver el fútbol, mirar televisión, leer un libro o acostarse a dormir temprano cuando ella quisiera farrear, salir a comer o ir al cine.

¿Cuál es el término medio? Los hombres gustamos de conservar ciertos espacios que consideramos inofensivos (seguro que también las mujeres), allí la solución está en establecer acuerdos previos, según la psicóloga Cristina Romo-Leroux. Conversar, conversar, ceder, ceder, complacer, complacer. Todo en pares, todo en pareja. “Los problemas vienen cuando uno se sorprende negativamente del comportamiento del otro. Hay que dialogar y ceder mutuamente para lograr la armonía”, indica Romo-Leroux, quien menciona el caso de un hombre que acordó con su esposa salir a bailar cada quince días (él cedió, porque prefería dormir) y  quedarse en la disco hasta las 02:00 (ella cedió, porque quería amanecerse).

Sin embargo, sobran los hombres que por años mantienen relaciones, incluso de matrimonio, sin llegar a un nivel importante de entrega. La inmadurez hacía que Paúl (nombre protegido) no se afianzara en su relación, por eso todos los fines de semana abandonaba a su esposa e hija (2 años) en Guayaquil para visitar a sus padres en Portoviejo. Finalmente, él entendió que su prioridad debía ser su nueva familia y redujo los viajes a Manabí a una vez al mes, salvando su matrimonio.

Para ascender al segundo nivel en la relación resulta necesario compartir más, sin embargo, hay hombres que les cuesta involucrar a su pareja en su entorno íntimo, como la familia o los amigos. Carlos (otro nombre protegido) hacía rabiar a su enamorada Verónica porque tras un año de relación ella no conocía a sus padres, lo cual finalmente tuvo que ocurrir, “porque ella comenzaba a alejarse, a desconfiar, a decirme que posiblemente no sea la mujer para mí”.

El chantaje emocional es común también en las personas inseguras. Una vez leí sobre lo negativo que resulta conversar con la pareja sobre la posibilidad de alejarse, a menos de que sea una posibilidad casi segura. Sin embargo, hay muchos que lo hacen como una forma de manipulación o porque se sienten inseguros de la relación.

Los niveles más elevados del compromiso de pareja están cuando se comparten los planes futuros, porque nuestra pareja se convertirá en nuestra mayor compañera, amiga y socia en la vida, indica Roberto, abogado de 60 años de edad.

Los peldaños hacia un mayor compromiso en la relación nos llevan a compartir los proyectos que iniciamos de solteros. Me fue fácil comprenderlo cuando, hace unos años, veía a don Arturo abrazando cariñosamente a su esposa, María, mientras se dirigía a los familiares y amigos que llegaron a su fiesta por los 25 años de matrimonio. De su discurso, tan lleno de emotividad y gratitud a la vida, recuerdo particularmente una frase: “Pude haber encontrado a una mujer más bella, pero nunca encontraré a una mujer mejor”.

Un hogar con tres hijos que adoran son el mayor proyecto que han compartido en su vida matrimonial, también salpicada de conflictos que han sabido resolver. Al verlos felices me imaginaba que ellos ya habían llegado a lo máximo que puede aspirar el compromiso de pareja, digamos, a la “terraza” del edificio, pero don Arturo en una conversación me dio a entender que ellos seguían subiendo los peldaños de su relación, creciendo, desarrollándose y compartiendo, porque su amor y decisión los motivaba diariamente a seguir creciendo –juntos– como pareja, compañeros y seres humanos.


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