Desde hace una semana ha dado la vuelta al mundo la noticia de Lancey, un labrador retriever que se convirtió en el resultado de la primera clonación comercial en la historia de la humanidad. Sus propietarios, un matrimonio que reside en Boca Ratón, Florida, tomaron la decisión de clonar a su adorado Sir Lancelot hace algunos años. Cuando Lancelot murió el año pasado congelaron su ADN esperando por una oportunidad como esta, por la que pagaron $ 155.000 en una subasta a la empresa BioArts International.
Curiosamente, o tal vez no tanto por ser el labrador el perro más querido y común en los Estados Unidos, Lancey es sumamente parecido a Marley, el perro que en la vida real inspiró a su dueño, el autor John Grogan, a escribir una columna y después una novela, lo que actualmente se convirtió en película protagonizada por Jennifer Aniston y Owen Wilson, que, por si no bastara con lo que tuvimos que llorar al leer el libro, nos hace salir de la sala de cine uno detrás de otro, como si entre los asistentes hubiera un acuerdo tácito de no mirarse de frente porque sabemos que nos encontraríamos con ojos rojos y caras hinchadas de tratar de retener el llanto, algo especialmente vergonzoso para los hombres.
Esto una vez más nos confirma que uno de los personajes más efectivos para tocar sensibilidades es el can, por lo que, dejando claro que por más que adoro a mi perra y quisiera tenerla eternamente jamás la clonaría, los invito a analizar simbólicamente a qué mascotas de la historia del entretenimiento darían vida una y otra vez y a cuáles dejarían seguir su ciclo natural.
Pongo, de 101 Dálmatas, coincide con Marley en tener su nombre basado en el amor e inspiración de su autor. Dodie Smith, una inglesa evidentemente amante de esta raza, era la propietaria de un dálmata del mismo nombre. En el caso ficticio, Roger le debe mucho a Pongo. A punta de insistencia y energía vuelve inevitable su encuentro, o colisión, con Anita y Perdita. Así le da a su dueño no solo un paseo en el parque sino también una familia.
Pongo, al momento de salir a defender a la suya es capaz de desafiar a Cruella De Vil, a las distancias, la nieve y a dos ladrones de esos a los que les falta neuronas pero no maldad. Eso sí, no debemos olvidar el hecho de que además de Perdita y ya incluidos los hijos a los que tuvo que ir a rescatar, Pongo llega a la casa con 99 perros adicionales, algo automáticamente inaceptable para cualquier ama de casa.
Disney nos trae otro caso, uno que se acerca más a Bambi o Dumbo y me hace recordar con qué desfachatez nos hacían sufrir en nuestra infancia. Se trata de Old Yeller, un amoroso, bello y fiel perro que da la vida por los suyos, en este caso se trata del perro casi perfecto pero la historia nos enseña, demasiado pronto, lo doloroso que puede resultar querer a un ser tan lindo.
En lo que respecta a nobleza, valor y fama, la definitiva reina sería Lassie, una Collie que en su historia original representa esperanza en plena época de depresión económica cuando es vendida a un caballero pudiente y atraviesa largas distancias (desde Escocia hasta Yorkshire) para encontrarse con su familia original a la que tanto quería y extrañaba.
Lassie tiene un largo historial tanto en literatura como en cine y televisión y ha sido tan valorada su actuación (muchas veces representada por machos) que Pal, quien la interpretó en la versión cinematográfica de 1943, ganó 250 dólares a la semana mientras su compañera de reparto, una jovencita Elizabeth Taylor, solo recibió 100 dólares en el mismo periodo.
Y no podemos olvidar a Rin Tin Tin, un precioso pastor alemán cuyo intérprete original nació en Francia en 1918, lo que nos habla de su antigüedad, pero es más recordado por la tan querida serie de los años cincuenta donde le toca acompañar a su mejor amigo, en este caso un huérfano llamado Rusty, en un ambiente militar pero amigable.
Existen otros perros semifamosos, los que se convierten un poco en el equivalente de Linda Carter o Valerie Bertinelli en una película para la televisión, como los protagonistas de la actualmente taquillera Hotel for Dogs y todos los Bingos y Bongos, basquetbolistas, futbolistas, bomberos y demás. A ellos les deseamos lo mejor, pero tal vez no estén para clonarse o quizás habría que preguntarles a los dueños de Lancey.
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