¿Pueden imaginar un calamar gigante de seis metros de largo y cien libras de peso? Pues se lo exhibió en la localidad de Luarca durante una exposición. Posee un órgano sexual de setenta y cinco centímetros de largo y tiene uno de repuesto por si perdieran el original.
Si piensan que estoy bromeando pueden consultar internet. El calamar colosal (Mesonichoteuthis) puede alcanzar más de veinte metros y pesar 500 kilos. Muchos de estos metros los conforman los larguísimos tentáculos. Hasta la fecha, solo se han logrado atrapar a seis especímenes.
Mas la columna de Epicuro no suele ser sensacionalista y tengo que aterrizar para encontrarme con los calamares de tamaño corriente que encontramos en cualquier lugar. Se prestan para múltiples combinaciones, siendo la más popular aquella llamada a la romana (acompañada de una salsa tártara). Existen desde luego los calamares asados, a la parrilla, a la andaluza, rellenos con mariscos, a la plancha con aceite de oliva, con setas y huevos, en salsa de piñones, con fideos marineros.
No es tan sencillo freír en su punto a los calamares a la romana. Muchas veces se le va la mano al cocinero y se obtiene un producto seco, insípido. Pero lo más espectacular es desde luego la salsa que se obtiene con un refrito de cebolla, tomate, ajo a lo cual se añade vino blanco y maicena luego la tinta del calamar.
Claro está, existen variantes alrededor de la receta básica pero mi sorpresa resultó de intenso agrado cuando probé como especialidad aquel plato en El Caracol Azul. Suelo allí siempre pedir la corvina, sea a la florentina, en salsa de espárragos, de queso azul, de vino tinto, a lo macho, arroz con calamares, pero me intrigó tanto ver en el plato de mi vecino aquella salsa tremendamente oscura que no pude resistir el impulso de probarla. Marqué un minuto de silencio: sencillamente genial.
No sé si el chef añadió una pizca de crema para aumentar la sedosidad. Textura aterciopelada, gusto del calamar apaciguado hasta la sutileza mayor, corvina de carne mullida y un Malbec de primera. Tendré que volver a hablar del Malbec en otro artículo pues lo estoy usando en varias recetas y se puede realizar incluso una mermelada espectacular con este vino, usando solo azúcar y pectina de frutas.
Volvemos a nuestra corvina. Muriel, aquella chilena enamorada de Guayaquil, muy querida por todos quienes transitamos por los restaurantes de la urbe, tiene el mejor restaurante en lo que se refiere a pescado, habiendo otros también muy buenos para los mariscos.
La corvina alla fiorentina, básicamente sencilla, ha sido durante mucho tiempo mi predilecta. Rodeada por un cordón de puré de papa, con el toque de crema, es la típica receta fácil de realizar, la que resalta el sabor de cada ingrediente.
¿Cuál es el secreto de Muriel para perdurar en el pináculo de la fama durante treinta años? Ella lo explica con sencillez: “Mi chef es el mismo desde hace treinta años. Eso explica por qué los extranjeros que nos visitan después de haber estado diez años lejos de Guayaquil encuentran a su regreso los mismos sabores. Además me muevo, evoluciono”.
Pueden ustedes abrir su almuerzo o su cena con un piqueo de mariscos, un coctel de camarones en salsa golf, luego probarán la corvina en tinta de calamares. Como postre: una espuma de fruta, un tiramisú, la torta de chocolate, un flan de coco. Mi planilla para dos personas fue de $ 59,99. Hay guardianía para su vehículo.