Edición del VIERNES 6 de Febrero del 2009
Sambo - Logo
EL UNIVERSO inicio e-mail
::::::::: M E N Ú ::::::::::
    Portada
    Nuevas puertas
    En bandeja
    Salud y belleza
    La mirada
    Moda
    Eventos
    Decoración
    De boca en boca
    Otros aires
    La Cristi
    Ojos bien abiertos
Otros aires 
El espíritu del Ecuador
ampliar imagen ampliar imagen

Claudia Serrano
Imprimir esta noticia Enviar noticia por e-mail
claudiaserrano@fibertel.com.ar | Claudia Serrano, de visita en tierras ecuatorianas

Pasar la Navidad en Guayaquil, luego partir a la deliciosa Playas para festejar el Año Nuevo, seguir a Montañita y demás pueblitos aledaños, bajar a Cuenca y estar los últimos días en la divina ciudad de Quito con la rama de mi familia quiteña e ir al matrimonio de mi hermana en una antigua hacienda en Los Chillos… Es el viaje perfecto para mí.

Lo folclórico de este viaje es que lo estoy haciendo en bus (¡sí, en bus!). La razón es que ni mi enamorado ni yo manejamos, pues tanto en Buenos Aires como Estocolmo tomamos taxi o usamos el transporte público que es bastante bueno; nos pareció una aventura hacerlo así. La mejor manera de conocer lugares recónditos, pueblitos típicos y sobre todo impregnarse del verdadero espíritu del Ecuador y sus gentes.

La gente local en general tiene buena onda y buena predisposición y la seguridad que siento cuando llego a algún lugar nuevo (y es requete obvio que soy una turista), pese a todas las advertencias que he recibido sobre los posibles peligros o robos. Definitivamente, Ecuador es un pueblo tranquilo, no violento, con una fauna y una belleza única, un paraíso en este mundo.

Playas es maravillosa, con sus calles repletas de años viejos en todos los colores, tamaños y personajes, una antigua tradición que no existe en la Argentina y que me encanta. El pueblo con sus edificios viejos de los años cuarenta, coloridas casitas en madera de arquitectura vernácula, el Barrio de la Raqueta brilla como un set de  Hollywood que fue en blanco y negro, con su arquitectura de época, abandonado hoy. Darse una vuelta por el pueblo a la tarde y sentarse frente a la iglesia a ver la gente pasar, comprar un cheesecake en la nueva tiendita de la belga Marie y también Gabriel, al lado del parque, comer las empanadas y el yogur de mora de la chilena y sobre todo ir a tomarse algo al bar El Pescador, dejarse llevar por la buenísima salsa que pasan, ¡a todo volumen, claro! …Es el mejor plan. Probar todo o casi todo lo que venden los puestitos en las calles (¡hasta que se te afloje el estómago!), maduro con queso, frutas y jugos deliciosos, casi mágicos –tampoco existen en la Argentina– como el tomate de árbol, la naranjilla y el maracuyá. Ir a ver el circo local, tan kitsch y tan digno de Almodóvar. Imperdibles son los lugarcitos para comer en la playa un rico arroz con pescado con una Pílsener, por supuesto. Comprar pescado o marisco fresco en el puerto y regatear el precio de la libra.

Todo esto combinado con la riquísima ramada de la mítica Chabela, que gracias a sus hijas, las Jurado, sigue hoy tan linda como antaño, allí tomamos un molokai y un exquisito cebiche de camarones. Escuchamos las anécdotas de Dorothy, primera campeona de surf femenino en Latinoamérica allá por los años sesenta. Todo esto es parte de la historia de Playas y parte del maravilloso espíritu del Ecuador.
Bellísimo por donde se lo mire.


© Derechos Reservados Compañía Anónima EL UNIVERSO. Todos los Derechos Reservados