Todavía está en shock. No sabe si encararla y reclamarle, castigarla o mandarla a un internado a que termine sus estudios. Amelia, una joven madre de tres hijos, escuchó una conversación telefónica que aún no puede asimilar: su hija de 15 años tiene relaciones sexuales con su enamorado. Y no solo eso: usa métodos anticonceptivos y había pasado algunos sustos con su ex porque no sabía cómo protegerse.
Su ‘nena’ se lo contaba a su mejor amiga y al otro lado del auricular ella no atinaba si sostenerse de la pared para no desplomarse o empezar a gritar. Optó por colgar e imponer un régimen de control casi militar a su hija. Le ha prohibido el celular, las fiestas con amigas y que aquel chico regrese a visitarla.
Parece un secreto a voces, pero es una realidad latente en la sociedad: los jóvenes inician cada vez más temprano sus relaciones sexuales y en plena adolescencia están ya sexualmente activos.
La última encuesta Endemain (encuesta demográfica y de salud materna e infantil que se hace cada cuatro años), realizada en el 2005, revela que –en promedio– en Ecuador los varones tienen su primer encuentro a los 15 años, mientras que las mujeres a los 14. Hay casos en los que esas edades podrían ser todavía menores (12 o 13 años), pero en todos el inicio temprano a la vida sexual tiene un factor común: la soledad y la falta de amor.
Ximena Zurita, ginecóloga y especialista en temas de sexualidad, asegura que los chicos están en búsqueda de identidad y pueden llegar a confundir ese cariño que le ofrecen, esa caricia o ese beso con amor. Por eso se refugian en sus relaciones tempranas o en vicios como el tabaco o el alcohol.
Otro factor influyente es el medio: hay un acceso fácil a la pornografía y al intercambio de información con los demás adolescentes. Pero el más importante, señala ella, es que no hay un ejemplo adecuado en el hogar: mamá y papá trabajando, poca comunicación, los hijos criados con las niñeras, en guarderías, con familiares o vecinos, malos tratos, etc.
La venezolana Vicenta Delgado, trabajadora social y orientadora en sexología, dice que hoy hay familias desestructuradas y disfuncionales, lo que ha provocado que se rompan normas socioculturales y no se cultiven valores en casa.
Entre los jóvenes es frecuente iniciar juegos sexuales y experimentar con chicos de su edad. Algunos lo hacen por curiosidad, por desafíos personales o por mero gusto. Los sitios de encuentro son comunes: fiestas (en las que conocen a jóvenes de otros colegios), en casas de otros amigos o en la propia.
Mi hijo... ¡nunca!
Delgado cree que muchas veces los padres se niegan a ver la realidad. Creen que sus hijos no tienen relaciones sexuales o que aún no piensan en aquello, pero sí los de la vecina. Pero el hecho es que el tema se conversa a diario entre los chicos, que hacen del internet o de los amigos con más experiencia su mejor arma de consulta. Y los padres no se dan ni por enterados.
Fue lo que le pasó a Amelia. Nunca se imaginó (o tal vez no quiso hacerlo) que su hija era una adolescente sexualmente activa.
El problema es que en ocasiones la sociedad y la familia priorizan lo material (el carro, la ropa de marca, el mejor colegio), indica Delgado, y se olvidan de la relación interpersonal. “Si hay una buena comunicación con papá y mamá, es seguro que van a querer tener sexo en el momento adecuado y no a los 12 o 15 años, porque no es edad para tener relaciones”.
“A veces los padres se enteran cuando ya lo han hecho”, cuenta Zurita. En estos casos es importante buscar ayuda de un profesional y darle una orientación al joven de lo que implica tener una relación sexual. “Tienen que saber que pueden contagiarse de una enfermedad, que pueden tener un embarazo no deseado (de cada cuatro embarazos, uno es de adolescentes, según la Endemain) y las consecuencias que eso implica, que no van a poder estudiar, que tienen que asumir responsabilidades”.
¿A qué edad empezar? Lo ideal, coinciden ambas especialistas, es prevenir el inicio temprano de las relaciones sexuales y ello solo se logra generando confianza.
La tarea empieza desde el embarazo, creando un ambiente lleno de amor y seguridad para el nacimiento, dando muestras de respeto, que el niño verá y asumirá como suyas cuando crezca. Hablar con sinceridad de acuerdo con la edad, hablar de órganos sexuales con nombre y apellido, dar ejemplo de responsabilidad.
“La mejor prevención es no esperar a que el chico quiera hablar. Hay que darle la confianza de que él pregunte todo a los padres: desde cómo tomar un taxi hasta qué hacer si una chica le gusta y cómo comportarse”, indica la doctora Zurita.
La formación es la única arma para prevenir. El desafío de los padres, dice Delgado, está en orientar a sus hijos sobre una sexualidad responsable, antes de llegar a la promiscuidad. Y para ello hay que empezar por quitarse la venda y superar el shock. (K.V.)