La Revista - Logo
Edición del DOMINGO 1 de Febrero del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
::::::::: M E N Ú ::::::::::
    Portada
    Ecología
    Piqueo de la semana
    Consultorio
    Dr. Tecno
    Lo Nuevo
    Columnistas
    Gente de cine
    Cuerpo y Alma
    Destino
    Sociedad
    Show
    Gastronomía
    Belleza
    Orientación
    Historia
    Decoración
    Libros
    De Cine y Del Resto
    Salud
    Cocina de Patricia
Cuerpo y Alma 
Néstor Marroquín, un creador ‘Made in Ecuador’
ampliar imagen ampliar imagen

Imprimir esta noticia Enviar noticia por e-mail
Texto: Katherine Villavicencio

Ha desarrollado softwares de protección que se venden con éxito en el mundo. Sueña con hacer de Ecuador un exportador tecnológico.

Sus programas se comercializan con éxito en Ecuador, América Latina, EE.UU., Europa y próximamente uno de ellos llegará a Israel. Son softwares con sello nacional que no solo han dado seguridad a los sistemas de computación sino que han situado al país como un creador y exportador de tecnología.

Esa es la mejor recompensa que puede tener el quiteño Néstor Marroquín Carrera, un ingeniero en  sistemas cuyo nombre ha dado la vuelta al mundo gracias a la creación de programas de protección informática. Pero haciendo honor a eso de que nadie es profeta en su tierra, Marroquín es más conocido a nivel internacional que en el mismo país.

En 1992, con apenas 22 años y una curiosidad innata, él desarrolló el denominado Checkprogram, un protector que por sus condiciones superaba a los antivirus. Fue una necesidad propia, dice. En la empresa donde trabajaba los virus habían afectado  la red de computación y debían formatear cada cierto tiempo las computadoras.

Con el programa, que es más bien un protector de infecciones, lograron controlarlos. Esa diferencia marcó el inicio de su éxito. “Cuando estás enfermo de gripe y te tomas las pastillas para quitarla, eso viene  a ser un antivirus; el Checkprogram es una especie de vacuna para que no le dé el virus”.

Con su producto ya probado se lanzó a comercializarlo en 1994. Su primer cliente grande fue el Banco de Crédito; le vendieron 50 licencias. Y con ello empezaron a abrirse campo: el Banco Popular les compró luego 1.200 licencias.

Su programa impactó al holandés nacionalizado norteamericano Jan Vanderbult, un diseñador de radares e inventor de sistemas de seguridad para almacenes, que lo vio como parte de los proyectos presentados en la feria Ecuador inventa, en 1995. Marroquín se animó a participar convencido de que el Checkprogram era un invento.  “Él (Vanderbult) dijo que de todo lo que había visto en la feria (edificios inteligentes, robots), mi programa era el único invento porque lo demás ya existía, pero no un concepto de protector contra virus”.

El holandés le propuso hacer una sociedad para venderlo a nivel internacional. Armaron maletas y se fueron a Holanda a entrevistarse con los contactos que Vanderbult tenía allá, nada menos que los dueños de la firma Atlas Software que, entre otros, produce productos para Xerox.

Sin Ecuador, no
Le hicieron una propuesta interesante: un contrato por cerca de 10 millones de dólares por su programa. Pero había que hacer cambios al producto: primero el nombre (Checkprogram no les sonaba comercial); segundo, que en los paquetes debía decir desarrollado por el equipo técnico de Atlas y no por Néstor Marroquín; y tercero, que dijera hecho en Holanda.

“Me dijeron ‘dice hecho en Ecuador...,  ¿qué es Ecuador?’. Ahí se me subió el nacionalismo a la cabeza. Le dije dime tú qué es el Ecuador, y me respondió: “Es solo banana y petróleo”. Tiene que salir hecho en Holanda para que venda. Lo miré y le dije te acepto que me cambies el nombre del programa hasta mi autoría, pero no que es hecho en Ecuador”.

La negociación se cayó, pero no sus ánimos. En 1997 decidió ir con su socio al Comdex, una de las ferias de tecnología más importantes del mundo, en Las Vegas, con la idea de hacer conocer el programa. Eran alrededor de 10.000 expositores y para su sorpresa el Checkprogram fue designado como la mejor nueva tecnología presentada en la feria.

Nunca se lo esperaron. Ni tampoco que luego del reconocimiento los mismos holandeses que un año antes le hicieron la propuesta se acercaran a ellos. Solo le dijeron que el planteamiento seguía en pie, pero Marroquín también seguía firme con su decisión de no borrar el ‘Made in Ecuador’.

La designación le abrió las puertas. El jefe de sistemas del City Bank de Nueva York le propuso comprarle 50.000 licencias. Pero a la semana, sus competidores (entre ellos Northon) decidieron regalar por dos años la suscripción del producto y dar gratis la renovación. “No vendimos ni una licencia porque cuando fuimos a Nueva York a la cita nos dijo que eso iba a ser un ahorro de 8 millones de dólares en esos dos años”.

No se desanimó. A su retorno, el guayaquileño José Dapelo le propuso la sociedad para crear la empresa MD Technology  y vender el producto. Él aceptó y se radicó cinco años en Guayaquil.

Hicieron los contactos para comercializarlo en el exterior y gracias a un reportaje que publicó la revista PC World para Latinoamérica empezaron a llover los interesados. Los contactaron distribuidores de México, Costa Rica, EE.UU., Colombia, Venezuela, Perú y centroamérica. Ese año, las ventas  en la región alcanzaron los   200.000 dólares y en el país los 120.000.

Tecnología para Israel
Con MD Technology, Marroquín desarrolló el programa MDLock, que sirve de plataforma de seguridad para la tarjeta de crédito virtual del Banco Bolivariano. Con ese producto ganó el Premio a la Innovación Tecnológica que organiza Alcatel en Ecuador y obtuvo un reconocimiento en la final en Lima.

Pero Néstor quería abrirse campo solo, así que vendió sus acciones en MD Technology y continuó con la empresa que él tenía en Quito desde 1992, NMCResearch. Desde allí sigue desarrollando y vendiendo softwares. El más reciente es el SCS (Sistema de Comunicación de Seguros), encargado de proteger el envío y recepción de archivos. Hoy lo utilizan Fuerzas Armadas, Andinatel y otras empresas del país.

Acaba de cerrar la negociación para venderlo en Israel, a través de la empresa Elkat, especializada en protección de llamadas.

Su éxito le ha costado perseverancia. Inició su formación de manera autodidacta. En 1983, recuerda, chequeando las direcciones de los programas de la computadora que su papá le pudo comprar, se contactó con el True Basic Institute de EE.UU. Primero solicitó libros, que le eran enviados por correo y cuyos textos él traducía cuando era estudiante del colegio Paulo Sexto. Luego se inscribió como alumno a distancia.

Paralelo a ello estudiaba en la ESPE y luego en la Escuela Superior Militar, donde anhelaba convertirse en militar. Llegó a cadete y se retiró por una dolencia física. Así que se dedicó por completo a la computación. Se graduó de Bachelor en Computer Cience e hizo cursos de especialización en Miami.

Lo demás ha sido parte de su habilidad y dedicación. Ahora, a sus 38 años, no sabe si seguirá creando más programas porque quiere contribuir a la formación de nuevos programadores ecuatorianos. Es que sueña con que Ecuador sea un exportador de softwares y que ese rubro le genere más que el petróleo y el banano.

© Derechos Reservados 2004 Compañía Anónima EL UNIVERSO. Todos los Derechos Reservados