Tan inconcebible para el ritmo de vida actual que algunos vemos esta propuesta como algo absolutamente necesario, algo de lo que tenemos sed. Volver a vivir, a saborear y dejar de correr desenfrenadamente. Entrar en el Movimiento de la Lentitud.
Honoré, autor del best seller Elogio de la lentitud y gurú de esta tendencia, conversó con nosotros en una entrevista para ‘El Aguacate’ y compartió algo de esta filosofía.
Según las palabras de nuestro entrevistado, “vivimos en una sociedad atrapada en fast forward y debemos empezar a desacelerar”. Entre sus seguidores son conocidas las razones por las que él, periodista canadiense radicado en Londres, reaccionó ante el tornado de prisa en el que tantos estamos inmersos. Leía un cuento antes de dormir a su hijo y empezó a saltar las páginas para hacerlo más de prisa; en su siguiente viaje, en un aeropuerto encontró una colección de Cuentos de un Minuto.
La idea le pareció genial al comienzo y un minuto después, precisamente el tiempo que según estos libros le tomaría darle atención a su hijo, ridícula y hasta aterradora. Hoy Carl Honoré apoya la Paternidad Slow, al igual que los Viajes Slow, el diseño Slow y claro, la Comida Slow donde quien lleva la bandera es el italiano Carlo Petrini.
El asunto de la lentitud, que empezó en Europa, va esparciéndose por todo el mundo y ganando más adeptos. En su edición de enero, la revista Glamour española dedica un artículo a la lentitud por medio de lo que titula como Movimiento Spirit, incluso recomiendan como kit para iniciarse en la onda lenta un despertador con el sonido matutino de pájaros y el libro de Honoré. Ahí conocemos que este elogio se puede dar meditando a diario o simplemente haciendo labor social o usando el Smoking Relax del diseñador español Baruc Corazón, básicamente una elegante pijama para quedarse en casa bien vestido.
En lo que respecta a los latinoamericanos; Honoré, que vivió algún tiempo en Argentina, nos dice que tenemos una relación amor-odio con la velocidad. Está primero el afán por crecer económicamente y llegar donde están los países de primer mundo y por otro lado nuestra valoración cultural hacia la familia y el tiempo que debemos dedicar a ella. Una virtud que debería hacernos poner los pies sobre la tierra y parar a apreciar lo bueno de la vida.
Como indica un artículo de noviembre del 2006 de El País de España, debemos “trabajar para vivir y no vivir para trabajar; disfrutar el presente y sacar tiempo para aprovechar lo que tenemos, y quitar el pie del acelerador e ir más despacio”.
Por otro lado, en nuestra conversación con el Gurú antiprisa pude entender que empezar a aplicar esta filosofía requiere de algo de técnica al inicio y mucho instinto de ahí en adelante. Tal como él lo dijo, sus tres “Consejos Rápidos” para empezar a “Vivir Lento” son:
- Hacer menos cosas (algo que señala como absolutamente contracultural). Priorizar, hacer las cosas más importantes para uno.
- Desconectar. Y esto es textual, se refiere a los aparatos tecnológicos, sobre todo a los celulares de cuyo botón para apagar dice: “Están ahí para utilizarse”.
- Implementar algo lento en nuestra rutina cotidiana como yoga, jardinería, cocina y asegurarse de ponerlo en la agenda.
Dice Honoré que no se trata de hacer las cosas más lento sino hacerlas en su tiempo, no se trata de no trabajar sino de no hacer varias cosas al mismo tiempo y tomar decisiones sobre lo que nos llena y nos da tranquilidad.
Así que, ¿Por qué no ver una película “a la Woody Allen” donde los diálogos sobran y los desenlaces no son siempre lo más importante?, ¿por qué no exprimir nuestras propias naranjas para el jugo?, ¿por qué no ir al cine un miércoles a las tres de la tarde?, ¿por qué no caminar en nuestra ciudad? “No tengo tiempo” ya no debería ser una excusa, o al menos ese debería ser el objetivo para quienes quieren empezar a vivir lento o a fin de cuentas empezar a vivir. Yo, por mi parte, no puedo esperar, estoy sumamente apurada por meterme en el Movimiento Lento, claro que así no funciona y esa será mi primera lección en un proceso que irá más de la mano de la tortuga que de la liebre.
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