Así empieza Miedo y asco en Las Vegas, de Hunter S. Thompson, un clásico de la narrativa estadounidense, publicado en 1971. Se trata de un relato radical sobre la decadencia del sueño americano, la crítica social y una propuesta periodística que pone en duda los principios de objetividad, imparcialidad y los llamados a la prudencia de la prensa tradicional.
Raoul Duke (que en realidad es H. Thompson) y su abogado, el Dr. Gonzo, son contratados por una revista de Nueva York para hacer un reportaje sobre una carrera de motos en Las Vegas. “Pero ¿qué era el reportaje? Nadie se había molestado en decirlo. Así tendríamos que montárnoslo nosotros mismo. Libre empresa...”.
La aventura de este par de viajeros empieza y termina con la adicción a todo tipo de sustancias.
Raoul Duke, cansado de los submundos de Las Vegas, decide abandonar la ciudad. Estada saturado. “En una sociedad cerrada en que todo el mundo es culpable, el único delito es que te cojan. En un mundo de ladrones, el único gran opacado es la estupidez”.
Pero no puede irse. El Dr. Gonzo –que lo había dejado unos días atrás– le envía un comunicado: “Llámame inmediatamente... Nueva misión a iniciar mañana, también Las Vegas, no te vayas, stop. La Conferencia Nacional de Fiscales de Distrito te invita a su seminario de cuatro días sobre narcóticos y drogas peligrosas... (la revista) Rolling Stone llamó, quieren cincuenta mil palabras, buen precio, todos los gastos...”.
Tras vacilar un poco decide registrarse para esa cobertura. La idea irónica y la posibilidad transgresora de un par de profesionales drogadictos en medio de policías y fiscales que luchan contra la droga lo convenció.
Ambos, en sus vuelos psicodélicos, destruyeron su habitación, no pagaron las cuentas y vagaron por todo lado.
¿Qué pasó con el reportaje de la carrera de motos? Para la revista que contrató a Raoul Duke solo hubo un montón de notas –una mezcla de vivencias, opiniones– que, al final, terminaron siendo la base de lo que llamaría después “el periodismo gonzo”, el triunfo de la subjetividad, de la apuesta por un punto de vista y de la narración –aunque caótica– literal de hechos en los que el protagonista es el periodista-narrador.
Hunter Thompson no era un desconocido cuando escribió Miedo y asco en Las Vegas. En 1966 había escrito Los Ángeles del Infierno, una crónica llena de drogas y licor en el mundo de la legendaria pandilla de motociclistas.
Luego trabajó para varios medios. En 1970 también fue candidato para ser sheriff de Aspen y propuso legalizar el consumo de drogas. Aunque los hippies votaron por él, su fracaso estaba asegurado desde que se le ocurrió esa idea para su campaña electoral.
En el 2005, a los 67 años, se suicidó. Su polémica obra lo llevó en varias ocasiones a justificarse, a explicarse. De ahí una de sus frases más recordadas: “Lejos de mí la idea de recomendar al lector drogas, alcohol, violencia y demencia. Pero debo confesar que sin todo eso yo no sería nada”.