Jenny Valencia (c) con su hijo Segundo (con la grabadora), otros jóvenes que cantan rap y menores que acoge en su vivienda.
Segundo Cárdenas (i) y David Vera, dos de los ocho jóvenes raperos del sector de la 22 y la Q.
Segundo Cárdenas, ahora de 27 años, nunca imaginó que hace seis años la alegría al entonar una canción con un grupo de cinco amigos sería el motivo para ser detenidos y golpeados por policías en Quito que sospecharon que ellos eran delincuentes. Ellos coreaban en la calle: “Tenemos hambre...”.
El joven recuerda que los gendarmes los apresaron, interrogaron y sometieron a castigos antes de liberarlos. “Los golpearon, les dieron gas, los humillaron por la raza, pero ellos siguen trabajando y son cristianos”, manifestó Jenny Valencia, madre de Segundo Cárdenas.
Aquella jornada fue una de las más tristes que recuerda este joven en su actividad de cantar en los buses a cambio de obtener monedas de los pasajeros.
Pese a ese hecho, él continúa con esa labor, con la variante de que ya no utiliza peinetas para emitir los sonidos de las melodías, sino una grabadora.
Además, ahora son ocho los jóvenes que se dedican a esta actividad: su hermano Freddy, de 26 años; David Vera, de 17 (con quien trabaja a dúo); Jeremías Vera, Roberto Carrillo, Alfredo Rosero, Carlos Duarte y Luis Moncho Camacho.
Cada jornada la realizan en parejas y con una grabadora al subir a un bus, por lo general “a medio andar”. Ya arriba se identifican como cantantes de rap y entonan sus melodías sobre el Ecuador, los jóvenes, la violencia, las drogas y la pobreza que ellos viven.
“Empezamos cantando guarachas con peinetas”, comentó Freddy. Hasta hace tres años, Vera y los hermanos Cárdenas recorrían el país ofreciendo sus melodías y dormían en la calle o en sencillas habitaciones.
Segundo y Freddy Cárdenas se reencontraron en esta ciudad con la madre de ellos, Jenny Valencia, quien además en su casa ha acogido a otros jóvenes del grupo.
Tristes historias
Las letras de algunas canciones que interpretan estos jóvenes, a quienes en el sector donde viven, la 22 y la Q, los conocen como “los raperos”, son creadas por ellos y refieren las experiencias que han vivido u observado en su entorno.
Segundo Cárdenas prepara una canción con la historia de Tony Guerrero, un ex compañero de escuela que se convirtió en uno de los delincuentes considerados por la Policía como de los más peligrosos en Guayaquil. De él recuerda que “desde las aulas armaba problemas”.
“Estoy en son de componer una canción sobre Tony Guerrero. Él siempre quería ser líder entre los amigos, no le hacía caso a la mamá, era ‘embalado’ con todo el mundo, sacaba y daba palo con todos hasta que a los 17 años creó la banda de los Guerreros Blancos... comenzaron a violar, robaban en las busetas, a las mujeres las metían en casas abandonadas y las ultrajaban.
Un día acá en el suburbio llegó un carro 4x4 y le descargó una 9 milímetros... y murió”, recordó Cárdenas y explicó que lo escribió como ejemplo para los jóvenes de lo que no se debe hacer.
La historia de Rafael es otro caso y se refleja en una melodía que no fue compuesta por el grupo. Refiere a un joven con este nombre, de escasos recursos económicos y que empezó a ganar dinero traficando drogas por los barrios de la ciudad.
“A los 20 años ya era todo un mujeriego, la madre le suplicaba que dejara esa vida. Terminó en una cárcel implorando recuperar su libertad para que la vida le dé otra oportunidad”, sostuvo el creador del tema.
Al interpretar sus canciones en los buses, David Vera lamenta que en ocasiones no reciben nada de los pasajeros.
Sin embargo, cuando subieron con el fotógrafo de este Diario para captar las tomas, en el suburbio, recaudaron $ 3,20 por cantar una melodía. “Hay que contratar al fotógrafo porque nos ha ido muy bien”, dice Cárdenas entre risas.
Además de cantar en los buses, estos jóvenes indican que otra de sus actividades es recibir contratos para animar las reuniones sociales, sean familiares, barriales o de alguna entidad. “Podemos cantar hasta tres horas”, dijo David Vera, quien indicó los números telefónicos 284-4692 y 266-6900 para comunicarse con ellos.