Lunes 05 enero Arte y cultura

Una cita con las nuevas voces que dan vida al pasillo nacional

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Carlos Almeida canta acompañado por los alumnos de guitarra y requinto: Mickey Neira, Boris Galindo, Miguel Santana, Miguel Villón y el maestro Naldo Campos.

En esta escuela se vive el pasillo. Un puñado de jóvenes no lo dejarán morir jamás. Lo mantienen vivo y renovado en cada nota de guitarra, piano y acordeón. Sus voces mantienen vivo el poema en son de pasillo, albazo, pasacalle, etc.

Ellos son los alumnos la Escuela del Pasillo Nicasio Safadi, del Museo de Música Popular Julio Jaramillo Laurido. El sábado en el auditorio del museo presentaron de 11:30 a 13:00 su programa Mañanas pasilleras. Los primeros en salir al escenario fueron los alumnos de piano de la maestra Monserratt Vela: Carolina Solís, Lisbeth Nacipucha, Miguel Villón y Jordán Farro, quienes individualmente interpretaron pasillos clásicos como Manabí, Sendas distintas, Pasional; aunque Farro tocó Nelly, pasillo propio dedicado a su madre.

Un retrato de Nicasio Safadi abrazado a una guitarra precedía el evento de música nacional al que asistieron familiares de los alumnos y los amantes de nuestra música.

Acompañado por las cuerdas de un requinto y una guitarra, Carlos Almeida, de tan solo 13 años, le dio su voz sutil al pasillo Brumas: “Es inútil mi bien/que te olvides de tu amor y del mío/ hablemos más”. Demostrando dominio escénico al interpretar Pobre corazón, pidió que el público lo acompañe haciendo sonar sus palmas.

Luego fue el turno de las gemelas Lissette y Denisse Cuadrado, también de 13 años; ambas con hermosas tonalidades agudas interpretaron los pasillos Las tres Marías y Las hojas secas, los que arrancaron aplausos y vivas de los presentes que lucían emocionados.

Entre el público, acompañando a sus pupilos, estaban los maestros Fresia Saavedra, encargada de las voces; Naldo Campos, maestro de guitarra y requinto; Monserratt Vela, de piano; y Jenny Estrada, directora de la escuela.

Pequeña ciudadana fue el poético pasillo que cantó Michael Neira.
Luego fue el turno de Julio Antonio Vargas, de 22 años y oriundo de Colimes (Balzar), desde donde llega todos los días; él cantó Ausencia y Te olvidarás de mí.

Luego el auditorio fue invadido por el sonar de las guitarras y los requintos de los talentosos músicos: Miguel Santana, Mickey Neira, Boris Galindo y Miguel Villón, alumnos de Naldo Campos, quien los acompañó en el escenario.

 Fue cuando la mañana al pie del río Guayas se hizo más poética al sonar los pasillos El alma en los labios, Romance de mi destino, Guayaquileño, y el vals Fatalidad, que fueron cantados por las voces de Carlos Almeida y Julio Antonio Vargas. Pero el público exigió otro tema y fue cuando sonó el himno popular de la ciudad, Guayaquil de mis amores. El maestro Campos pidió un fuerte aplauso para sus alumnos.

En la última parte de Mañanas pasilleras,  la historiadora Jenny Estrada invitó a participar al público. Fue allí cuando subieron al escenario los padres de las Cuadrado y cantaron Dos lágrimas, y luego, en el momento más emotivo del evento, compartieron el escenario con sus hijas Lissette y Denisse.
También intervino la soprano Pilar Delgadillo, y el alumno Fernando Vargas puso el punto final con el pasillo El aguacate.

“El resultado de estos meses nos llena de esperanzas porque el talento de nuestros jóvenes es extraordinario –expresó con orgullo Jenny Estrada–. La calidad de sus voces, el incentivo interpretativo y el deseo de apegarse al pasillo nos ha llenado de entusiasmo porque pensamos –como la mayoría de nosotros– que la gente joven no quiere saber nada de nuestra música y no es así”.  En esta escuela a orillas del Guayas el pasillo está vivo.

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