Meses, años y décadas son conceptos más o menos arbitrarios que el ser humano creó. En algunos casos coinciden con ciclos naturales, en otros no; pero siempre son ocasión para recomenzar de nuevo en lo que haga falta.
El nuevo año político y económico se iniciará realmente mañana, y no se nos ocurre otro deseo mejor que tener un 2009 sin insultos ni confrontaciones innecesarias.
No se necesitaría ninguna explicación para dar un giro tan pronunciado. Esa es la ventaja de los cambios de año, que todos podemos hacer propósitos nobles y nadie nos pide que los justifiquemos.
Crisis fiscal, intranquilidad en los cuarteles, protestas sociales, en el nuevo año tendremos muchos asuntos de qué preocuparnos para que además se siga ofendiendo a los ciudadanos que disienten, como se ha vuelto costumbre oficial.
No parece mucho pedir, ¿verdad? Simplemente eso, que no haya insultos.
Sería un buen comienzo.