“Listos: cámara, música... ¡acción!”. Así la famosa cantante y actriz debutante Norah Jones recuerda las órdenes de su director Wong Kar-Wai en el set de My Blueberry Nights (El sabor de la noche). Ella no tenía que comenzar a cantar porque no se trataba de un musical, más bien las instrucciones eran mentales.
El realizador les recordaba a sus actores y técnicos que cada escena registrada tenía que conectarse a la música grabada que ellos escuchaban en los ensayos, al igual que el director de fotografía Darius Khondji capturaba cada destello de luz diurna o nocturna para transformar las intenciones de muchas secuencias.
Quiero comenzar el año con las vibraciones de esta película que vi hace algunos meses en el Festival de Cine de Cartagena y que ahora revolotea en DVD localmente. Para hablar de Wong Kar-Wai, uno debe remontarse a sus otras películas en China, pero aquí lo novedoso es la inspirada fusión del realizador con un cine hablado en inglés y rodado en EE.UU. con luminarias de Hollywood. El tono se mantiene: actualmente nadie hace películas más bellas que este director y My Blueberry Nights es otra prueba de ello.
Esta vez la canción de Norah Jones introduce lo que vamos a ver sobre las imágenes de colores reverberantes en un solitario café de SoHo en Nueva York. “No sé cómo comenzar/ esta historia ya se ha contado...”. Vemos el rostro de Elizabeth (Jones) observado casi siempre a través de ventanas y escaparates, mezclado con los dulces que Jeremy (Jude Law) ofrece a esta melancólica joven, que no se recupera de una ruptura sentimental. El blueberry pie (dulce de arándano) es el que menos se prueba pero es el que estos dos seres comparten. Ella deja las llaves de su casa en una vasija donde otros clientes han dejado sus huellas de amores rotos.
Escapando de sus recuerdos, seguimos con Elizabeth en su nueva estadía en Memphis, donde ella se involucra en la vida de un policía alcohólico (David Strathairn) que no soporta el abandono de su mujer (Rachel Weisz).
Es un conflicto donde no falta la violencia, que afecta poderosamente a Elizabeth, pero ella sigue en la carretera enviando tarjetas postales a Jeremy en Nueva York, esta vez desde un pueblo de Nevada, donde conoce a Leslie (Natalie Portman), la jugadora profesional que deja otro mensaje: “Nunca confíes en nadie, siempre tienes que ser tú la que reparte los naipes”. Jeremy no encuentra a Elizabeth, hasta que...
Por la agridulce y poética sensibilidad del filme, nunca dejamos los sentimientos de la protagonista. Sin encarar frontalmente sus dolorosos aprendizajes, se registra el exacerbado estilo visual de un conductor que filma sus obras como los jazzistas de blues –siempre los escuchamos en el trasfondo– crean sus improvisados acordes. Aquí todo luce genuinamente libre y gestado en cada escena. No hay barreras, ni manipulaciones. Irradiando un romanticismo desbordante, My Blueberry Nights nos sintoniza a iluminados senderos del cine de hoy.