Consistía en embarcarse durante siete días en un “edificio flotante, un hotel de cinco estrellas” y navegar por las tranquilas y cálidas aguas del Caribe, desembarcando en cuatro destinos: República Dominicana, St. Thomas, St. Barth y Bahamas; comiendo a lo grande y asistiendo todas las noches a espectáculos maravillosos.
“Hasta ahí todo era similar a la oferta común de los cruceros”, indica Silva, pero “la diferencia era que los espectáculos eran de jazz contemporáneo o smooth jazz. Eran muchos de los músicos que noche a noche presento en mi programa de radio”, agrega emocionado. Así que junto con su esposa y una pareja de amigos se embarcaron en el M/S Westerdam de la compañía Holland America, inmenso barco con doce pisos, dos piscinas, un spa, cuatro bares, dos restaurantes de lujo y una gran cafetería que servía comida china, japonesa, italiana, mexicana y estadounidense, entre otras variedades gastronómicas.
“Durante la cena de bienvenida, nuestro anfitrión, el saxofonista Dave Koz, se paseó por todas las mesas saludándonos a su estilo, es decir, tocando el saxofón. Desde esa primera noche, todo el viaje fue una fiesta continua. Había presentaciones musicales al mediodía en la piscina, en los bares, y por la noche, el ‘plato fuerte’ era un show de dos horas en donde los artistas se confundían con el público, convirtiendo cada noche en una experiencia maravillosa”, señala sobre los shows de jazzistas como Richard Elliot, Rick Braun, Jeff Golub, Candy Dulfer, Brian Simpson, Jonathan Buttler, Eric Benet, Randy Jacobs y el anfitrión, Dave Koz.
“Todos mis ídolos estaban allí actuando para nosotros… ¡En vivo! A cada actuación se sumaban artistas que no estaban programados en esa presentación, haciendo del espectáculo algo sorpresivamente extraordinario. Todos nos contagiábamos con el ritmo y muchos salían a bailar a los corredores. Luego teníamos la oportunidad de encontrarnos con estos “monstruos musicales” en los pasillos o desayunar en la mesa contigua, conversar, tomarnos fotos y descubrir su parte humana y sencilla”, señala Silva sobre esa vivencia inolvidable que, como si fuera poco, también lo llevó a algunas de las mejores playas del Caribe.