Dentro de esta calma uno puede disfrutar de la biodiversidad ofrecida por el archipiélago o descansar en una hamaca frente al mar y sus puertos. La constante evolución con la que se desarrolla Galápagos se compensa con la repentina calma y paz que se vive en el lugar. Un silencio cómodo que en momentos se ve irrumpido con el estruendo de una guitarra. Si uno llega a ser partícipe de semejante experiencia, sabe que se encuentra cerca de alguna presentación del grupo Arkabuz.
Desde las Islas Encantadas nos llega un grupo de rock único en su especie y variado como el mismo mundo del cual Galápagos quisiera escaparse. Nicolás Kamla, Federico Idrovo-Bermeo, Iván Vázquez y Gonzalo Fernández conforman esta banda de una palpitante fusión de géneros, que van desde un son casi caribeño hasta un rock citadino extraído de alguna emisora londinense.
Esto se evidencia en sus propias influencias, las cuales se apegan por la música de grupos como The Beatles, Soda Stereo, Pink Floyd y Led Zepellin, y de solistas como Andrés Calamaro y los ecuatorianos Héctor Napolitano e Hugo Idrovo, padre de uno de los integrantes. A pesar de esto, Arkabuz no parece asemejarse a ninguna de estas agrupaciones. Posee un estilo propio e inigualable, y no hablamos de su música en sí, sino de sus letras, las que hablan de otras realidades, ya que en realidad ellos pertenecen a otro mundo.
A pesar de no haber nacido en las islas, son residentes permanentes desde hace algunos años y han logrado traducir aquel sentir isleño y mágico que contiene Galápagos. Uno solo se puede imaginar a este grupo, componer su música frente al mar, y es su inmensidad, aquella escarcha que rodea cada uno de sus temas.
Su primer disco se titula Vive libre, trabajo que lleva algún tiempo en gestación. Desde su perfil de My Space, Arkabuz ha ido lentamente generando ruido y ganando fanáticos durante este largo proceso. Sus seguidores pudieron ver el recorrido de la entonces desconocida banda de Galápagos, hasta este prospecto que se eleva más que las gaviotas que aparecen y desaparecen en la portada de su álbum.
Todo este recorrido solo agigantaba las expectativas de lo que el grupo terminaría generando. La mayoría de las canciones estuvieron disponibles desde hace un año y la gente que los escuchaba iba a sus conciertos conociendo de antemano la letra de sus temas. Esto ayudaba al traspaso energético de Galápagos a la ciudad, en una comunión entre los fanáticos y la banda, donde solo faltaban los sonidos del mar.
Sin ningún tipo de enseñanza musical, los integrantes de Arkabuz aprovecharon su proximidad con distintos músicos, adentrándose de lleno a un mundo extraño y la vez reconfortante. Esto hace de su producto aun más gratificante, porque estamos frente a músicos que si bien aún no son profesionales, están a un paso de serlo, y la esperanza de lo que podrían hacer en el futuro, ni el mismo Charles Darwin pudo haber avizorado.
Arkabuz se vende como una banda de Galápagos, lo cual les brinda una ventaja inigualable considerando los paisajes inspiradores que se encuentran en cada rincón de aquellos pedazos de tierra en la mitad del océano. Pero como aquellas tortugas y aves que se transportan entre el mar y el cielo, los integrantes tendrán que migrar hacia el continente. Y es ahí donde comienza la aventura de Arkabuz.
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