El tiempo pasa para todos, menos para Clint Eastwood. Solo el pelo blanco revela los 79 años que cumplió el 31 de mayo. Con los mismos ojos rasgados, la misma forma de hablar pausada y el mismo éxito de siempre demuestra que el talento no precisa jubilarse en Hollywood. Con cuatro premios Oscar y diez nominaciones, vuelve a competir esta temporada con la película Changeling (niño cambiado por otro) dirigiendo a Angelina Jolie en la complicada historia de una madre que en la década de los años veinte luchó contra todos los medios para encontrar a su hijo secuestrado, en medio de una corrupta policía que muy poco tiene que ver con aquel Harry el Sucio que hizo famoso a Clint Eastwood. Y, a punto de estrenarse a nivel mundial, Eastwood aparece como director y actor en El Gran Torino.
Pregunta: ¿Volvería a personificar hoy un personaje como Harry el Sucio?
Respuesta: No. Hay un rumor pero es incorrecto. No tengo ninguna intención porque tengo que ser realista: Harry el Sucio no estaría trabajando en el departamento de Policía a mi edad. Por eso prefiero seguir con otros temas.
P: ¿Cambió bastante la imagen o percepción de la policía desde la época en que la gente admiraba a Harry el Sucio?
R: Bueno, pasaron 38 años desde la época de Harry el Sucio. Eran tiempos muy particulares y la historia era una aventura, aunque también mostraba la tenacidad de un policía que quería luchar contra la burocracia política para defender a una víctima. En ese entonces no había demasiadas películas que trataran sobre víctimas de crímenes violentos y por eso llamó tanto la atención. Lo disfruté. Primero la tomamos como una excitante historia de detectives y eventualmente la gente dirigió la atención al tema político. Más allá de las reacciones que tuvo, fue muy divertido, pero era pura fantasía apuntar con un Magnum calibre 44 a alguien para preguntarle si se sentía con suerte...
P: ¿Con el estilo de aquel personaje y la verdadera historia de la película Changeling, que también cuestiona la burocracia de la policía, personalmente lo seducen los temas polémicos?
R: Me gusta cuestionar. Es natural elegir historias por el valor dramático y el conflicto es la fuente del drama. Historias como Changeling tienen muchos conflictos y me parece interesante. No me gustaría contar algo donde todo funciona perfectamente, no habría razón para contarlo.
P: Los directores importantes, hoy en día, no se atreven a competir en festivales de cine tan importantes como Cannes, sin embargo, usted nunca estrena sus películas fuera de competición. ¿Qué importancia les da a los premios de los festivales de cine?
R: Antes que nada, si vas a ir a un festival de cine, se supone que hay que competir. Pero el punto tampoco es ganar o no. Lo importante es ir y presentar una película para ver la respuesta que tiene. El hecho de que gane mi filme es algo que está fuera de mi alcance. En Cannes yo mismo fui presidente del jurado y hay doce o trece personas que tienen sus propias ideas de lo que les gusta. Y en aquel entonces, la película que ganó no había sido mi primera elección pero fue la que terminó eligiendo todo el jurado. Tampoco creo que presentar una película en Cannes fuera de competición sea una jugada segura, porque es como decir “estamos más allá de todo esto”. Y yo no estoy más allá de nada. Han ganado muchas películas y la verdad, muchas de ellas tampoco son tan buenas.
P: ¿Es igual con el Oscar?
R: Es lo mismo con todo, con cualquier premio como el Oscar, uno solo puede ir a ver lo que pasa. Lo que vaya a pasar, que pase. Yo solo espero que la gente, el público, disfrute el cine.
P: ¿Por qué no aparece en Changeling?
R: La razón por la cual no trabajé en la película es porque soy demasiado joven para interpretar a uno de los chicos (ríe). No había ningún rol para mí. Igual, supongo que lo habrás notado, pero gradualmente trabajo más tiempo detrás de las cámaras que adelante. Es algo inevitable.
P: ¿Lo mejor de la dirección de cine por encima de la actuación?
R: Como director es muy excitante ver cómo funciona el mecanismo con otros actores, tratando de ayudarlos cuando tienen problemas. No se puede hacer el trabajo de ellos, pero a veces se les puede ofrecer ciertas claves que a lo mejor logran un mejor trabajo o a lo mejor no. Lo divertido es intentarlo. Vengo haciéndolo desde hace 54 o 55 años, pasé medio siglo en esto y supongo que después de tanto tiempo algo debo haber aprendido (ríe).
P: ¿Con la película Changeling quiso mostrar el drama de una madre desesperada por encontrar a su hijo o pretende exponer la verdadera corrupción en la Policía de la década de los años veinte?
R: La intención era contar una historia que mostraba cómo eran aquellos tiempos. Desde aquel entonces, en 1928, han cambiado muchas cosas en la estructura de la Policía en Los Ángeles, a veces para mejor y otras veces para peor. En el camino hubo diferentes regímenes. Y este en particular era muy corrupto. Con su tenacidad, esta mujer hizo caer a todo el departamento de Policía y la estructura política. El intendente ni siquiera fue reelegido gracias a la voz de una sola persona. Y aunque incluso pertenecía a una minoría, como lo eran las mujeres de aquel tiempo, ella igual siguió. Hasta cuando la internaron en una clínica psiquiátrica, no bajó los brazos. Es algo para analizar por las características humanas de una madre que luchó contra una ciudad.
P: ¿Cómo resumiría la verdadera historia, en pocas palabras?
R: Cada dos o tres décadas, en Los Ángeles, la Policía o la estructura política ha pasado por cierta revolución interna donde se han descubierto diferentes actividades de corrupción. Y 1928 es uno de esos periodos. Cuando la madre fue a denunciar la pérdida de su hijo apenas si le dijeron “ya va a volver”, en vez de mandar a alguien para investigar enseguida. Era una madre soltera y a lo mejor no era algo que se veía demasiado bien en esa época. ¿Quién sabe? Y gracias al ministro que interpreta John Malkovich en la película, el ministro Brogney, insistieron hasta que consiguieron alguna respuesta.
P: Si pasara algo parecido hoy, ¿cree que ganaría?
R: Ah, sí, yo creo que ganaría. ¿No te parece? Es algo que también puede pasar hoy y ha sucedido en años recientes. Supongo que ayuda vivir en un lugar donde la gente puede hablar, pero en 1928 el rol de la mujer no tenía voz ni voto.