Sábado 03 enero Internacional

Hamas amenaza con ataques a intereses israelíes

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QALQELYA, Cisjordania. Una mujer palestina le grita a un soldado israelí en Jayous, Cisjordania, durante una protesta contra la ofensiva sobre la Franja de Gaza, que cumplió ayer una semana.

Islamistas palestinos prometieron ayer vengarse de Israel por matar a un directivo de Hamas y a su familia, y advirtieron que su respuesta contemplará todas las opciones, incluyendo posibles atentados suicidas “contra los intereses sionistas en todas partes”.

No descansaremos hasta que destruyamos a la entidad sionista”, expresó el líder de Hamas, Fathi Hammad, en el funeral de Nizar Rayan, quien murió junto a sus cuatro esposas y once hijos por un misil israelí que impactó su casa el jueves. El portavoz Ismail Rudwan agregó que se incluyen “operaciones de martirio”.

Con sus dirigentes en la clandestinidad, sus administraciones son golpeadas y sus activistas hostigados por la aviación israelí desde hace una semana, sin embargo Hamas sigue manteniendo su control sobre la franja de Gaza.

No había señal de cese al fuego en el séptimo día de bombardeos, que según un balance suministrado por el jefe de los servicios de urgencia en Gaza,  Muawiya Hasanein, deja 430 palestinos muertos y 2.500 heridos desde el 27 de diciembre cuando comenzó la operación Plomo endurecido, que busca obligar a Hamas a parar los disparos de cohetes contra Israel. Cuatro israelíes fallecieron por esos proyectiles.

Entre los muertos hay decenas de civiles, de ellos 65 niños “menores de 16 años”, según el doctor Hasanein.

Aunque la secretaria de Estado norteamericana Condoleezza Rice aseveró ayer que “trabaja por un cese al fuego sustentable y duradero” lo más rápido posible, Israel realizó más de 30 ataques aéreos, uno de los cuales mató a tres niños palestinos de entre 8 y 12 años, quienes jugaban en la calle.

El ataque que costó la vida a Iyad, Mohammad y Abdelsattar Ak Astal, ocurrió en la población de Al Qarara, en el sur de la franja de Gaza.
“Estas no son heridas de las que se pueda sobrevivir”, manifestó Madth Gilbert, un doctor noruego en el hospital Shifa de Gaza, quien no pudo salvar a otro niño que había perdido ambos pies en la explosión. “Esto es un asesinato. Este es un niño”, agregó.

Milicianos islamistas lanzaron cohetes hacia el puerto israelí de Ashkelon, uno de los cuales rompió las ventanas de un edificio de departamentos.

En Ciudad de Gaza cientos de residentes con pasaportes extranjeros abandonaban en autobuses la franja, con ayuda del Comité Internacional de la Cruz Roja, sus gobiernos y permiso israelí, dejando atrás a 1,5 millones de palestinos que no pueden escapar, mientras aviones de combate bombardearon la mezquita de Jabaliya, a la que calificaron de bodega de cohetes y misiles y comando para milicianos de Hamas.

Fuerzas y vehículos blindados israelíes seguían desplegados en la frontera con Gaza en preparación para una posible invasión por tierra. Irán, enemigo declarado de Israel, advirtió al Gobierno hebreo que no inicie una ofensiva terrestre en la franja de Gaza.

Mientras tanto el paso fronterizo con Gaza, que se abre por razones humanitarias, continuaba cerrado ayer por decisión del presidente de Egipto,  Hosni Mubarak, pese a las críticas internacionales por clausurar este paso estratégico, lo que agrava la situación de los palestinos.

Abbas en la ONU
El presidente palestino Mahmmoud Abbas tenía previsto llegar hoy a Nueva York, donde hablará con otros líderes árabes para lograr un consenso que obligue a Israel a declarar un cese incondicional de la ofensiva sobre Gaza, para tratar en las Naciones Unidas la situación de la franja de Gaza.

Choques de facciones
Israel selló su frontera con Cisjordania negando la entrada de palestinos para evitar protestas callejeras. En Ramalá partidarios de Hamas se enfrentaron a miembros de Al Fatá, calificando a la facción, liderada por el presidente palestino con apoyo occidental Mahmmoud Abbas, como “colaboradora” de Israel.

Apoyo a Gobierno 
El apoyo a la ofensiva militar sobre Gaza es casi unánime en el sur de Israel, donde los cohetes palestinos generan miedo, rabia y la convicción de que todo vale para acabar con Hamas.

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