Jueves 01 enero Columnistas Deportes

El mejor fue Manso

Alguien tenía que decirlo

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Ni Verón ni Riquelme ni D’Alessandro. Modestamente, nuestro jugador de América 2008 fue Damián Alejandro Manso, el zurdito que varias noches de Copa nos hizo acordar de César Cueto, de Tostao, del inglés Babington, de Rubén Paz, de tantos zurdos lindos que llevaban la bola cosida al pie con elegancia y picardía, habilidad e ingenio.

El 10 por antonomasia en Sudamérica tenía casi una obligación: ser muy técnico y muy zurdo. Era lo clásico. Manso relanzó la imagen y la función del creativo fino, impredecible de pie izquierdo. El rosarino es una versión menos cotizada, aunque no menos vistosa que su coterráneo Messi.

Siempre hay uno mejor, en todo. Pero más allá del resultado de la encuesta del diario  El País de Montevideo,  difundido ayer, fue un año difícil en nuestro continente para elegir un “mejor”. Por lo austero: las figuras no permanecen, emigran. Y hay que recordar que son únicamente elegibles los que actúan en Sudamérica todo el año. Joffre Guerrón hizo tres o cuatro partidos buenos en la Libertadores y se lo llevó el Getafe. Lo compró a precio de ganga para España: $ 5.850.000. Pero lo que para Europa es una bicoca, en Sudamérica suena a oferta irresistible. Y se van. Hoy un jugador patea bien dos tiros de esquina seguidos y lo fichan en Italia como un “gran lanzador”. Un zaguero da una patada bien dada y se exporta “por su fuerte personalidad”.

En octubre pasado compartimos una semana de seminarios con Elías Figueroa, acaso el más fabuloso zaguero que haya dado el continente. “Me quiero matar”, bromeaba Elías; “Río Ferdinand juega en el Manchester United y cobra un millón de dólares por mes”. Claro, si Ferdinand, que rechaza dando coces, percibe un salario tan bonito, ¿cuál sería hoy el sueldo de Figueroa, nuestro Franz Beckenbauer sudamericano, todo clase, todo eficiencia...? Elías fue cuatro veces el Mejor Futbolista de América. ¡Y siendo zaguero...!

Liga de Quito es una institución modelo en América, y económicamente sólida. Seguramente no quiere vender, no necesita. Con todo, del equipo campeón de la Copa Libertadores para el 2009 le quedará solo el recuerdo. Joffre Guerrón y el paraguayo Enrique Vera volaron tras la Copa; Luis Bolaños sería transferido al Espanyol, y por Manso sobrevuelan ofertas. Adiós a los cuatro mejores.

El único que volvió a estas costas para engalanar nuestros torneos fue Riquelme, por quien Boca se permitió una pequeña “locura”: le firmó un contrato de $ 15 millones por cinco años. Todos los demás recorren el camino inverso.

En ese marco, Manso fue el jugador del año. Subcampeón ecuatoriano, coronado como figura en la Libertadores (hizo 3 goles y preparó varios) y resultó destacadísimo en el Mundial de Clubes. Brilló ante el Pachuca y compuso el mejor partido de su vida frente a Rooney, Cristiano Ronaldo y compañía, incluso los eclipsó con sus divertidos y sinuosos trazos sobre el césped, siendo también el conductor pensante y profundo; y hasta el definidor. Dos veces Van der Sar le sacó el gol de un ángulo. Le dieron el Balón de Bronce, pero todos, desde Joseph Blatter hasta el propio Rooney, quedaron encandilados con su estilo preciosista.

De todos los demás nombres, el zaguero de Fluminense, Thiago Silva, fue una de las grandes apariciones del año, y debutó en la selección brasileña. D’Alessandro brilló apenas un par de veces en Internacional; Verón destacó en la final de la Copa Sudamericana y Riquelme, aun con sus exquisitas pinceladas de artista, careció de regularidad. Además, ninguno ganó el título que desnivela: la Libertadores. Manso sí.

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