jueves 01 enero Columnistas

Emilio Palacio epalacio@eluniverso.com

Cambio de época

Mucha gente cree que tengo de Rafael Correa un concepto muy pobre, pero se equivocan; en ocasiones ha dicho cosas muy inteligentes, como aquella de que no vivimos una época de cambios sino un cambio de época.

Con tan pocas palabras, qué brillante descripción de la realidad mundial.

El cambio de época, desde luego, no tiene como fuerza motriz la Revolución Ciudadana (que pasará a la historia como un acontecimiento menor). Es el mundo entero el que está cambiando, y nosotros somos apenas una mota de polvo dentro de ese remolino de viento.

El 2008 será recordado como el año en que la mayor economía del mundo se cayó de un pedestal que, de ahora en adelante, permanecerá vacío. Las fábricas norteamericanas se recuperarán y volverán a producir, pero Estados Unidos nunca más tendrá el control absoluto del mercado, y por eso tendrá que delegar una porción mayor de su poder político a Europa, Rusia y quizás China.

Incluso en América Latina tendrá que aprender a escuchar más, sobre todo a Venezuela y Brasil.

El 2008 fue, también, el año que Estados Unidos decidió que se largaba de Iraq (con zapatazos incluidos), luego de perder por segunda ocasión, después de Vietnam, una guerra en la que se jugó todo su prestigio.

¿Podríamos llegar al extremo de que en esta nueva época el euro reemplace al dólar como moneda mundial? En principio parecería muy difícil, porque la decadencia de Estados Unidos no ha ido acompañada de la aparición de otra potencia que se le equipare. Incluso Europa sigue siendo mucho menos que Estados Unidos, no digamos Rusia, la India o China.

No resultará nada fácil repartir esas cuotas de poder que Washington se ve obligado a abandonar. En otras ocasiones históricas similares (luego de la Primera Guerra Mundial, por ejemplo), un proceso así condujo a guerras, crisis y revoluciones.

La buena noticia es que, mientras tanto, millones de ciudadanos en todo el mundo están aprendiendo a intervenir en los asuntos públicos a través de internet, enviando cartas, creando opinión, influyendo en las encuestas. Solo así se explica que las faltas de los gobiernos corruptos rápidamente se descubran, o que las dictaduras no se consoliden, y que cada vez sea más amplia la conciencia de los derechos ciudadanos.

Por último, todo este reparto del poder se producirá en medio de la crisis del clima mundial, que ha incorporado desafíos tan urgentes como el de reemplazar nuestra principal fuente de energía o desarrollar tecnologías que permitan adaptarnos a un nuevo planeta Tierra.

No son cambios, es “el” cambio. Se acabó el imperio romano, se terminó el imperio inglés, llegó a su fin el imperio norteamericano. Ingresamos a una era distinta en la que se disputarán el mundo tres o cuatro grandes bloques de potencias.

¿Estamos los ecuatorianos preparados para semejante escenario mundial? Cómo no, si tenemos al frente a un estratega de alto vuelo, a un estudioso, a un académico, que cuando uno le habla de estas cosas se sonríe, mira para los lados y grita “¡anda, pitufo!”, matándose de risa y celebrando con el público televidente que lo apoya con sonoros aplausos.

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